MapamundiLunes, 7 de septiembre de 2020
Rusia: líder opositor escapa de la muerte

El líder de la oposición rusa, Alexei Navalny, acaba de salir del coma al que tuvo que ser inducido en un hospital en la ciudad alemana de Berlín tras ser evacuado en un avión especial de Rusia. Como hemos revisado ya en dos ediciones anteriores de esta sección, Vladimir Putin ha logrado -por la vía de una enmienda constitucional- abrir la puerta para mantener el control del Kremlin poco más de una década por venir. Frente a esta concentración de poder -prolongada y atípicamente muy popular entre los rusos: en Rusia ninguna democracia en el sentido estricto ha durado jamás- Alexei Navalny se convirtió en la voz disidente que con más fuerza empezó a llamar la atención sobre la compleja situación.

Se dice que los viejos agentes de la CIA estadounidense, los que se enfrentaron en silencio por décadas contra la KGB, decían que el problema con los rusos era que hacían todo mal, menos matar.

Hace solo unos días, Navalny fue internado en un hospital ruso mostrando todos los síntomas que otros enemigos del Kremlin han sufrido: los efectos de un agente químico llamado Novichok que ataca el sistema nervioso y causa casi irreversiblemente la muerte, tal como sucedió con el agente de la KGB que desertó y filtró información al Reino Unido, país en donde encontró la muerte en 2018. En ese caso las autoridades británicas denunciaron el asesinato y la comunidad internacional condenó la supuesta acción de la FSB (Inteligencia rusa, heredera de la KGB de la Lubianka e institución que fue dirigida por Putin). Lo mismo ha sucedido con Navalny y con la condena de Merkel a esta acción.

Sin embargo, la vida de Navalny ha resultado de un improbable desenlace: el Novichok suele ser letal. Ahora, la cuestión pasará -como hace dos años en Salisbury- porque alguna agencia de inteligencia o de investigación logre efectivamente conectar la inoculación del Novichok con el Kremlin. Desde Moscú, con fidelidad al estilo soviético, se han hecho pronunciamientos negando cualquier imputación, poniéndose a disposición de todas las investigaciones e incluso haciendo votos por la pronta mejoría de su más férreo opositor. Se dice que los viejos agentes de la CIA estadounidense, los que se enfrentaron en silencio por décadas contra la KGB, decían que el problema con los rusos era que hacían todo mal, menos matar.