OpiniónMiércoles, 7 de octubre de 2020
Siamo fratelli solo se siamo uguali

En su reciente “CARTA ENCÍCLICA FRATELLI TUTTI DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE LA FRATERNIDAD Y LA AMISTAD SOCIAL” (¿existe amistad antisocial?) el máximo representante de la Iglesia Católica nos dice en lenguaje inclusivo (para solo así poder dirigirse a “todos los hermanos y las hermanas”) lo siguiente en su capítulo de apertura:

“Sin pretender realizar un análisis exhaustivo ni poner en consideración todos los aspectos de la realidad que vivimos, propongo sólo estar atentos ante algunas tendencias del mundo actual que desfavorecen el desarrollo de la fraternidad universal”. O sea, el Santo Padre nos llama más o menos a parar la oreja a algunas cosas generales (y fuera de mayor contexto) que él considera contrarias a sus métodos (que no comparte con nosotros en esta oportunidad) para lograr el desarrollo de un mundo fraterno, tal como él lo concibe .

El documento de 8 capítulos en 122 páginas no trae mucha novedad para quienes venimos siguiendo los discursos del jesuita argentino que dirige a los católicos del mundo. En realidad el documento se lee como un manifiesto afín a lo políticamente correcto contenporáneo y que como tal corresponde a una postura que advierte muchos males genéricos, ningún ejemplo cuantificado que los sustente ni exponga y sí muchas buenas intenciones vaporosas para superar los inconvenientes impuestos en buena parte por el neoliberalismo, la inequidad, el “desconstruccionismo” y otros acusados males contemporáneos. El texto da para un análisis bastante interesante. Por razones de espacio hoy me fijaré en unos extractos del acápite 168 del Capítulo 5, “La Mejor Política” , donde el Santo Padre nos indica entre otras cosas lo siguiente:

“El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal...No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social...y las recetas dogmáticas de la teoría económica imperante mostraron no ser infalibles. La fragilidad de los sistemas mundiales frente a las pandemias ha evidenciado que no todo se resuelve con la libertad de mercado y que, además de rehabilitar una sana política que no esté sometida al dictado de las finanzas...”

¿Quién le ha dicho al Papa que todo se resuelve con la libertad del mercado? La libertad del mercado es una condición necesaria mas no suficiente para el desarrollo de un país y sus habitantes.

Este texto ilustra no solo el pensamiento del Papa sino también el peligroso mensaje que la jerarquía de la Iglesia transmite entre sus miembros. Algunas preguntas que deja el texto van a continuación:

¿Quién le ha dicho al Papa que todo se resuelve con la libertad del mercado? La libertad del mercado es una condición necesaria mas no suficiente para el desarrollo de un país y sus habitantes. La libertad de expresión, la separación de poderes y las instituciones públicas robustas son otros ejemplos de condiciones necesarias también. Pero por si sola ninguna es suficiente para garantizar el desarrollo humano. Lo que el Santo Padre olvida mencionar es que en aquellos países donde hay menos libertad de mercado se tienen los menores índices de desarrollo humano. ¿Eso no es importante indicarlo?

Por otro lado, ¿está el Papa explicándonos que la inequidad crea violencia? ¿La justifica? ¿La condena? ¿Se refiere a la inequidad de oportunidades, a la de resultados o a ambas? Si se refiere a la inequidad de resultados, ¿se ha enterado que esta no existe ni entre hermanos de una misma familia donde comparten las mismas oportunidades de alimentación, de genética y de educación por igual? ¿No debería precisar esto?

Por otro lado, ¿quién espera que una receta económica sea infalible? La economía históricamente registra ciclos expansivos y de contracción. ¿Es que en el Vaticano nadie se ha enterado de esto? Por otro lado, ¿ya evaluaron bajo qué políticas nacionales se hicieron más frágiles los sistemas económicos y de sanidad de los diferentes países afectados por el Covid-19?

La generalización que nos pretende introducir el Santo Padre desconoce resultados disímiles entre más de 190 países que reaccionaron de manera distinta a la pandemia. Esta pandemia aún no termina y será interesante evaluar que tan “neoliberales” fueron aquellos países que superaron la crisis sanitaria de la mejor y más rápidamanera.

Hasta ese entonces que no nos sorprenda encontrar mayores deserciones de miembros de la Iglesia Católica. Sucedió en Latinoamérica entre los 70s y 80s cuando la nefasta Teología de la Liberación envolvió un mensaje divino en un disfraz político de envidia y resentimiento con careta de lucha contra la “opresión de los ricos”.

Hoy el Papa nos llega con un mensaje de verdades a medias que exceden al ámbito religioso y que además carecen de un “análisis exhaustivo”, como él lo confiesa. Sin considerar el contexto en el que estamos y menos cómo llegamos aquí (¿Wuhan, PPCh, OMS?) , Su Santidad nos presenta nuevos e inmediatos enemigos tales como la “inequidad” y la libertad económica.

¿Qué religión llenará el vacío que está provocando en la vida espiritual de las personas este activismo político dirigido desde el Vaticano? Esta vez no hay un Juan Pablo II que corrija el rumbo.