EditorialMiércoles, 14 de octubre de 2020
Un desastre llamado Congreso

El congreso tiene una habilidad especial para superarse a sí mismo y convocar -cada quinquenio- a una serie de personajes que parecen sacados de cuentos. Este congreso en particular, el del señor Vizcarra, el que se tomó foto recibiendo su medalla con el presidente como si fuese una graduación escolar ha tocado fondo. Hay excepciones, pero ahora sí que son pocas. El resto es un pandemonio populista extremo en donde lo único que importa es llamar la atención porque algunos de sus propios miembros aspiran a la presidencia o porque la franquicia electoral que los llevó tiene la misma aspiración.

Este congreso ha abierto las puertas de la ONP en una pandemia. Ayer abrieron -con un tope- las puertas de las AFP. Lo más grave, sin embargo, es que este congreso ha aprobado por ley la reposición de 14mil profesores que habían sido removidos de la carrera pública magisterial.

Este congreso ha abierto las puertas de la ONP en una pandemia. Ayer abrieron -con un tope- las puertas de las AFP. Lo más grave, sin embargo, es que este congreso ha aprobado por ley la reposición de 14mil profesores que habían sido removidos de la carrera pública magisterial. Ahora habían dejado de ser docentes por una de tres causales: i) no haber aprobado el examen de suficiencia, ii) no haber dado el examen de suficiencia o iii) no tener el título que los habilitaba para enseñar. Estábamos en camino a tener mejores profesores y el congreso acaba de retroceder un esfuerzo de años de un solo plumazo.

Hay, detrás de la norma, grupos de interés por supuesto. Pero también hay votos: los maestros repuestos y sus familias votan, los estudiantes no. Y allí queda expuesto el lamentable razonamiento de quienes aprobaron esta norma: creen que lo más importante en el sistema de educación pública son los docentes y eso es falso. Lo más importante son los alumnos que necesitan de la educación que el Estado con sus limitaciones les brinda para luego intentar ser competitivos en un mercado laboral hoy contraído y quizás por algunos años más. El congreso, una vez más, pone a sus apetitos personales sobre el país.