OpiniónViernes, 16 de octubre de 2020
Lo que haces, es lo que eres

Faltan 180 días para las próximas elecciones presidenciales y hay más de 10 candidatos potenciales, quienes han expresado sus ambiciones más no su intención para con el Perú. En 180 días vamos a tener la oportunidad de elegir algo más que un plan de gobierno, tenemos la oportunidad de re-definir una cultura y establecer mejores estándares sobre quiénes queremos ser y cómo queremos vivir.

Lamentablemente, los peruanos, en lo que va del milenio, hemos elegido gobernantes que no han dudado en engañar y manipular a la población -con los medios de comunicación de cómplices, para cubrir su ineptitud y corrupción. Y es ese comportamiento el que ha marcado el estándar para el resto de la sociedad y la cultura de nuestra nación. Ese referente se ha ido deteriorando dramáticamente, tanto es así, que los peruanos estamos a la merced de la interpretación individual del “bien” y el “mal”, confundidos sobre cómo actuar y nuestra propia identidad.

En su significado popular (según la RAE), la cultura es el conjunto de manifestaciones/comportamientos en que se expresa la vida tradicional de un pueblo. En positivo, estos comportamientos son las “virtudes”, como lo definían los Samuráis, quienes llegaron a la conclusión de que los valores no tienen, valga la redundancia, valor propio, si es que no se reflejan en el actuar. Por ejemplo, el valor del respeto, se debe reflejar en la práctica, en actos como llegar a tiempo a los compromisos.

Para hacer explícitos los comportamientos esperados, los Samuráis crearon el código Bushido – desarrollado hace siglos y que sigue siendo la base de la cultura japonesa de hoy, compuesto por ocho virtudes: rectitud/justicia, coraje, honor, lealtad, compasión, cordialidad, autocontrol y sinceridad. Cada virtud estaba denominada explícitamente, con una razón de ser lógica, y ejemplificada con situaciones concretas – para así aplicarlas en la vida diaria, en cualquier situación o dilema ético que pudiera surgir. De tal forma, lo que cada individuo pensara o creyera era irrelevante, pues ya había un marco establecido que era practicado día a día por todos – un pacto social interiorizado, una cultura. Los Samuráis eran los que debían dar el ejemplo en su actuar, y si se salían de ese marco, asumían la responsabilidad, mas no se bajaba el estándar.

En su significado popular (según la RAE), la cultura es el conjunto de manifestaciones/comportamientos en que se expresa la vida tradicional de un pueblo. En positivo, estos comportamientos son las “virtudes”, como lo definían los Samuráis, quienes llegaron a la conclusión de que los valores no tienen, valga la redundancia, valor propio, si es que no se reflejan en el actuar.

Regresando a la realidad peruana y retrocediendo a nuestros ancestros del Tahuantinsuyo, nuestro código se basaba en: ama sua (no seas ladrón), ama llulla (no seas mentiroso) y ama quella (no seas flojo) – “principios” adoptados por la ONU (¿?). Y, desde ese entonces, estuvimos condenados a vivir en una cultura mediocre, laxa, vulnerable a interpretaciones acomodadizas y a una disociación entre el pensamiento y la práctica – una cultura hipócrita.

Esa cultura es la que ha dado pie a que políticos se rasguen las vestiduras llevando la bandera de la lucha anticorrupción cuando solo encubren su mal actuar y manejan sus posiciones como señores feudales, en contra de los intereses del país. Como aquellos que dicen querer ayudar al pueblo – y estar absolutamente incapacitados para ello, mientras no dudan en abandonar sus distritos en medio de una crisis para seguir sus ambiciones personales. O aquellos que se jactan de ser defensores de la institucionalidad, pero no tienen reparos en acomodarse o cambiar de partido según sus necesidades del momento. En vez de fijarnos en el discurso políticamente correcto (hipócrita), debemos fijarnos en las acciones y el comportamiento de los candidatos, ya que lo que hacen es quien realmente son. ¿Aparecerá algún Samurái?