EditorialViernes, 16 de octubre de 2020
Vizcarra: deshojando margaritas

Desde el inicio de la pandemia en El Reporte notamos una clara tendencia por parte del presidente de hablar de la realidad desde un ángulo improbable, casi imposible de rastrear. Nos decía que estábamos derrotando a la pandemia cuando perdíamos a más de 200 compatriotas al día por semanas. Jamás se manifestó sobre el subregistro del Sistema Nacional de Defunciones y siempre dijo -confundiendo el optimismo con el cinismo- que estábamos varios pasos más adelante de donde realmente estábamos como país. Muchas veces, cuando el presidente hablaba, sentíamos que se estaba refiriendo a otro país.

Al ritmo al que van las cosas el presidente podría perfectamente pasar el 28 de julio de Palacio a la carceleta del Poder Judicial. Porque sí se le puede investigar y tener acusaciones listas para todo lo obrado antes de ser presidente.

Hoy, que el tema que convoca más declaraciones del presidente es el de las imputaciones de corrupción -que cada vez son más- en su contra, parece estar aplicando la misma técnica que durante la pandemia. Negar la realidad desde una posición terraplanista y esperar que sus palabras abran un portal a otra dimensión. Lo decimos porque desde el inicio de las acusaciones -el tema de su cuñado y Richard Cisneros- el presidente niega lo que fácticamente es contrastable. El problema es que la bola de nieve se hace cada vez más grande y las contradicciones cada vez más evidentes. Lo peor es la incertidumbre.

Porque es un secreto a voces en las redacciones periodísticas que hay más audios, más colaboradores y más pruebas de la corrupción que se habría generado. Así las cosas, empezamos a preguntarnos si no ha caído el señor Vizcarra en la misma espiral descendente en la que cayó PPK hasta el punto de tener certeza de que su salida era incontenible. Y la pregunta tiene estribo no solo en las pruebas de corrupción que puedan aparecer sino en la duda que habita en buena parte de la opinión pública: ¿Puede el gobierno de Martín Vizcarra dar garantías para una elección limpia y transparente en 2021?

Al ritmo al que van las cosas el presidente podría perfectamente pasar el 28 de julio de Palacio a la carceleta del Poder Judicial. Porque sí se le puede investigar y tener acusaciones listas para todo lo obrado antes de ser presidente. Y en este país -contra nuestra posición manifiesta- varios políticos han sido internados en penales por muchísimo menos. Entonces: ¿puede un hombre cuya libertad se definirá al día siguiente de las elecciones garantizar el libre transcurrir de los comicios? ¿No existen incentivos para apoyar a alguna candidatura a cambio de ciertas prebendas posteriores? Son preguntas que todos debemos hacernos.