EditorialDomingo, 18 de octubre de 2020
El presidente que no quería mirar atrás

Con las denuncias que hoy se han publicado en El Comercio y La República -sin saber todavía que saldrá en los dominicales- se puede afirmar con certeza que hay indicios suficientes como para que el señor Vizcarra sea acusado. El fiscal Juárez ha recibido tres testimonios más que darían cuenta de una coima pagada ICCGSA para hacerse de construcción del Hospital Regional de Moquegua cuando Martín Vizcarra era presidente regional de esa región. Ojo que, al leer, con cuidado, los testimonios queda meridianamente claro que el ilícito penal terminó de configurarse cuando Vizcarra ya era vicepresidente, pues le reclamó a ICCGSA el pago del “saldo” de lo acordado a cambio del hospital. Y se le dio.

Lo que hoy hay contra el señor Vizcarra es bomba de fechas, señas, montos, lugares, personas claves, testimonios y colaboradores eficaces. Y se sigue rumoreando, como adelantamos a media semana, que lo que ha salido contra el ingeniero Vizcarra no es todo lo que hay en su contra.

Al presidente Vizcarra lo persiguen decenas de acusaciones por corrupción durante su gestión como presidente de la República. Nunca ha respondido por ninguna y simplemente se ha escudado en la pandemia y en la certeza de que algo nuevo pronto ocurriría que le permitiría tapar lo anterior. De alguna u otra forma, así ha venido siendo; sin embargo, el calibre de las acusaciones publicadas el domingo pasado por El Comercio y Panorama y este domingo por El Comercio y La República es de otra magnitud. Ya no se está hablando de concuñados contratados ni de amigos del tenis lucrando con el Estado: se le está imputando al jefe de Estado haber recibido millones en coimas hace unos años.

A diferencia de mucho de lo que se señala como “acusación” en el Perú, lo que hoy hay contra el señor Vizcarra es bomba de fechas, señas, montos, lugares, personas claves, testimonios y colaboradores eficaces. Y se sigue rumoreando, como adelantamos a media semana, que lo que ha salido contra el ingeniero Vizcarra no es todo lo que hay en su contra. Quizás ahora podamos retroceder en el tiempo y entender el errático proceder de un personaje que se proclamó enemigo de la corrupción -o sea, de sí mismo- y ha obrado únicamente pensando en cómo evitar que la justicia lo alcance por las tropelías cometidas en su pasado. Porque, ni en su más feliz sueño de opio, este señor pensó que gobernaría.

Evidentemente, el escrutinio al que es sometido un presidente no es el mismo que el que se impone sobre un gobernador. El señor Vizcarra vio a su líder tambalear y no dudó en empujarlo y hacerlo caer, viendo -como si un ángel entrase por la ventana- la chanede ser el hombre más poderoso del Perú. Pero una vez allí… ¿Qué ha hecho? ¿Qué obra deja? ¿Qué reforma hija de su apasionado ímpetu reformista queda para el futuro? ¿Qué mejora económica ha logrado? ¿Qué gran proyecto ha echado a andar? La respuesta a todas esas interrogantes podría bien esconderse en ese breve audio en el que se escucha al cobarde señor Vizcarra hablando con sus secretarias: se ha dedicado a ocultar y no a gobernar. Con la falta de vergüenza que es su firma dijo en su momento que la Historia lo juzgará. Vaya que se equivocó. Lo va a juzgar la justicia y muy pronto.