EditorialViernes, 13 de noviembre de 2020
El patético señor Martos

Water Martos logró, como Premier, algo que parecía imposible: fue tan inepto como Vicente Zeballos. Dedicó sus días a opinar sin fundamento alguno sobre todos los temas habidos y por haber y a aumentar la presión que el Estado ejercía en contra de las libertades civiles en nombre de la salud pública. Sus últimas horas fueron empeñadas a fungir un rol triste de escudero del presunto coimero consuetudinario Martín Vizcarra. En el momento en que su jefe fue constitucionalmente removido del cargo por el congreso, el señor debió haber regresado al anonimato al que su parca carrera lo había condenado; sin embargo, ha decidido continuar haciendo el ridículo de la manera más triste.

Martos fue quien insistió que -bajo la idea de que la ciencia no era necesaria- en encerrar, perseguir, restringir, prohibir, censurar y remover derechos esenciales. Este fue el hombre que culpó al país de la paupérrima gestión que él encabezó.

Ayer, desde su cuenta en Twitter, invocó a los jóvenes a marchar en protesta por la decisión que el congreso -ese que su jefe hizo elegir- había tomado. Los jóvenes tienen derecho a la protesta -siempre pacífica- y nada de malo tiene que líderes de opinión sigan sus convicciones e inviten a los jóvenes a plegarse a ejercer un derecho. Pueden hacerlo todo, pero no él. No el hombre que convirtió al Estado en un aparato policial que asesinó a 13 chicos por cobrar un toque de queda ridículo. No el hombre que nos encerró por 106 días y dejó morir a más peruanos por millón que ningún otro gobierno en el mundo. No quien dejó morir a un hombre por ver una pichanga de barrio.

Martos fue quien insistió que -bajo la idea de que la ciencia no era necesaria- en encerrar, perseguir, restringir, prohibir, censurar y remover derechos esenciales. Este fue el hombre que culpó al país de la paupérrima gestión que él encabezó. Él fue quien prohibió, con soldados, bajar a la playa, ir a restaurantes o caminar en la calle por más de 100 días. ¿Y ahora, súbitamente, le parece cojonuda la idea de invitar a miles de personas a las plazas del país para alzar su voz? Eso tiene un nombre: miseria moral. Y evidencia que quien dirigió al gabinete en la pandemia nunca buscó salvar vidas, porque no tenía idea de lo que hacía. Qué hombre tan pequeño resultó siendo este señor.