EditorialMartes, 17 de noviembre de 2020
El monopolio de la narrativa

En el Perú, ciertos grupos de poder han monopolizado mucho más que la información: se han hecho del control de la narrativa. Es decir: son ellos dueños de la capacidad de contextualizar de acuerdo con sus intereses los hechos en un alambicado cuadro de situaciones e interpretaciones que establecen como una verdad única e incontestable. Buena parte de la prensa, por supuesto, es responsable de que esto así sea, pues su supervivencia financiera depende de bailar siempre al ritmo de la música del poder del turno. Hay, por supuesto, pocas, pero notables excepciones; sin embargo, no las suficientes que necesitamos.

Hace 10 días el tema central en el Perú, alimentado por todos los medios de comunicación era la cordillera de indicios de corrupción que se amontonaba contra el señor Vizcarra. Frente a esto el congreso tomó cartas en el asunto y, dentro de las facultades de la constitución, vacó al señor Vizcarra. Solo al día siguiente los mismos medios que habían incendiado la pradera con sus puntillosas denuncias manifestaban que había un golpe de Estado y pocos días después el país se enfrascó en una discusión con respecto a una posible Asamblea Constituyente.

Manuel Merino lo hizo todo mal. En una situación de crisis en la que la celeridad de sus acciones era esencial se movió aletargado y sin dar mensajes de consenso. Lo mismo pasó, en cierta medida, con el gabinete que armó. Eso, sin embargo, no convierte al primero en un golpista ni al señor Vizcarra en un impoluto mártir de la democracia, como ha intentado venderse.

Desde aquí nos preguntamos: ¿si hubo un golpe de Estado, es el señor Sagasti tan dictador como el señor Merino? No creemos que ninguno lo haya sido. Creemos, claro, que el primero encaja mejor políticamente con la ebullición de protestas que desde las calles se daba, pero… ¿Era necesaria la hipérbole? ¿Si fue un golpe de Estado y fue el señor Merino un presidente de facto por qué la Fiscal de la Nación es la que ha decidido investigarlo y no un fiscal de rango inferior? ¿O es que algunos grupos de poder iban a señalar que estábamos frente a un golpe de Estado hasta que se coloque en el poder a un personaje de su agrado?

Manuel Merino lo hizo todo mal. En una situación de crisis en la que la celeridad de sus acciones era esencial se movió aletargado y sin dar mensajes de consenso. Lo mismo pasó, en cierta medida, con el gabinete que armó. Eso, sin embargo, no convierte al primero en un golpista ni al señor Vizcarra en un impoluto mártir de la democracia, como ha intentado venderse. El problema es que cuando la narrativa queda en manos de un solo grupo, contestar la monolítica verdad se hace imposible.