EditorialJueves, 7 de enero de 2021
El Capitolio en llamas

En esta sección solemos ocuparnos de temas domésticos -como le corresponde a un medio nacional- y emitimos opiniones sobre lo que cotidianamente sucede en el país; sin embargo, lo sucedido ayer en Washington D.C. es lo suficientemente importante -desde una perspectiva Histórica- como para no abordarlo directamente en este espacio: sucede que, tras semanas de polarización y de incapacidad del todavía presidente de los Estdos Unidos -Donald Trump, una horda de seguidores de su causa tomaron por asalto el Capitolio -edificio en donde opera el poder legislativo de los Estados Unidos- y con cuatro muertos confirmados la institucionalidad republicana del país del Norte se vio en difíciles circunstancias como en pocas oportunidades.

Sucede que el Estado de Georgia definiría la mayoría en el Senado. Inicialmente se pensó que los dos senadores de Georgia inclinarían la balanza hacia el lado republicano y así Trump podría -en un gesto deleznable, dígase- desestabilizar el democrático proceso de transición que terminará con el demócrata Joe Biden asumiendo la presidencia el 20 de enero. Los votos, sin embargo, terminaron favoreciendo a Trump que, en una frenética pataleta convocó a una marcha para defender a la democracia de un fraude que hasta el momento solo existe en el imaginario de Trump, quien -en el momento más álgido, hizo un llamado a la calma-. Durante demasiado tiempo el todavía presidente se ha dedicado a caldear los ánimos. El país está demasiado polarizado ya, lamentablemente.

Por otro lado, Trump se ha hecho a sí mismo un flaco favor. Si bien su manera frontal e irrespetuosa le ha costado la distancia de muchos, económicamente su gobierno fue bastante bueno -el problema fue el CoVid-19- y la generación de puestos de trabajo fue espectacular y en tiempo record. La Historia, no obstante, difícilmente recordará aquellas hazañas al lado del descontrol absoluto en uno de los edificios que representa la más alta institución republicana, quizás del mundo. El poder legislativo de la primera República de la tierra. Sus posibilidades de volver al poder, como ensayo en algún discurso, en el 2024 han quedado pulverizadas. El partido republicano tendrá que zambullirse en un franco proceso de renovación que permita que emerjan nuevos liderazgos cuanto antes.