OpiniónDomingo, 10 de enero de 2021
Otro zarpazo del populismo
Fernando Rospigliosi
Analista Político


Las imágenes de una turba invadiendo violentamente el Congreso de los Estados Unido para anular una elección legal, es algo que muchos no imaginamos ver nunca. Pero ocurrió. Y pudo suceder, sin duda, porque fue promovida y alentada por el mismísimo presidente de los EE.UU., Donald Trump.

Desde hace algún tiempo han ido apareciendo signos inquietantes de este fenómeno en todo el mundo, pero recién es en los últimos cuatro o cinco años que se está cobrando conciencia de la dimensión de la amenaza populista.

No es para menos. Trump se hizo famoso no por sus logros políticos sino por el reality show que condujo por varios años (nada que envidiar a Tiririca o Grillo).

En 2010, en Brasil, un payaso se lanzó como candidato a diputado diciendo que el no sabía nada del Congreso, pero si lo elegían se lo contaría a sus electores. Tiririca obtuvo millones de votos -es el segundo más votado en la historia de ese país- y sigue siendo diputado ahora.

El 2009 el cómico italiano Beppe Grillo fundó el movimiento Cinco Estrellas y el 2013 su partido obtuvo la mayor cantidad de votos en el Parlamento.

En varios otros lugares las cosas han ido peor cuando líderes populistas se han hecho del poder y han abusado de él. Y no solo se trata de Venezuela, sino de Turquía, Polonia, Hungría y un inquietante etcétera.

Lo de los Estados Unidos es paradigmático, no solo porque se trata de la democracia más antigua -y más sólida del mundo-, sino por el papel decisivo que han jugado en la defensa de la democracia en las dos guerras mundiales, en la derrota del comunismo y en su valor como ejemplo al resto de países y pueblos.

Hoy día se han convertido en blanco de las burlas de todos los dictadores del planeta, desde los ayatolas iraníes hasta los sátrapas venezolanos.

No es para menos. Trump se hizo famoso no por sus logros políticos sino por el reality show que condujo por varios años (nada que envidiar a Tiririca o Grillo). Estuvo inscrito en el Partido Demócrata, pero postuló por el Partido Republicano (¿suena conocido?).

Y captó mejor que nadie el enorme descontento de la población con los políticos y con las élites, así como la enorme frustración por el estancamiento de la mejora del nivel de vida de mucha gente.

Finalmente, se negó como cualquier caudillo populista, a reconocer su derrota y trató de enquistarse en el poder a la mala. La democracia norteamericana ha demostrado suficiente solidez, hasta ahora, para resistir el zarpazo populista. Pero a estas alturas nadie sabe hasta cuando lo hará.

Otrosí digo. Como suele ocurrir, los que acá apoyaron el populismo de Martín Vizcarra, su golpe inconstitucional al disolver el Parlamento, y la violencia de las turbas que intentaron asaltar el Congreso y que derrocaron a Manuel Merino, censuran el populismo de Trump, no porque es populismo, sino porque es de derecha. No son realmente demócratas, son izquierdistas oportunistas.