OpiniónDomingo, 10 de enero de 2021
Un país adolescente que peca de infantil
Juan Sheput
Analista Político

Aunque la vieja izquierda, la Democracia Cristiana y en algún momento Acción Popular,hicieron esfuerzos por destronarla, el APRA siempre tuvo un rolhegemónico en cuanto a la provisión de políticos intelectuales. Un buen número de ellos, que participaba activamente en el debate de las ideas, dio luces para tratar de entender la coyuntura del país desde el campo de la Historia, la propuesta ideológica o la acción política. Tratar de nombrarlos a todos sería un ejercicio estéril. Sin embargo me abocaré al breve recuerdo de dos de ellos, Luis Alberto Sánchez y Enrique Chirinos Soto, de quienes mis amigos apristas saben que guardo especial consideración y grato recuerdo. Un moderno Plutarco diría que ambos fueron abogados, apasionados por la Historia y la Literatura, constitucionalistas y grandes parlamentarios. Brillaron en el debate, pero también en el campo del periodismo de opinión. Sesudas columnas, no limitadas al campo de la acción política, eran capaces de instalar la agenda nacional no sin antes generar amplia discusión.

Somos un país quemarcha hacia la catástrofe. Las medidas de los últimos años, en el ámbito de lo político, condenarán al país a tener un gobierno débil y un peor Congreso, compuesto entre otros por individuos que solo buscan impunidad.

Era posible porque había debate público. Había un periodismo que permitía la expresión más amplia de las ideas, desde el artículo, la entrevista o la polémica. Hasta en los peores momentos de la segunda mitad del s. XX había la oportunidad de plantear posición, desenmascarar a un farsante o proponer una alternativa, modificando así un curso de acción o una corriente de opinión. No padecíamos el periodismo monocorde, que solo busca quedar bien con el poder de turno. Se buscaba llegar a todos los sectores del gran público, sin abandonar, eso sí, la posición o columna ideológica que identificaba, sin complejos, a los grandes medios de comunicación.

Hace 62 años Luis Alberto Sánchez escribió “Perú, retrato de un país adolescente”. No pretendo hacer un recordaris del libro ni una comparación con los tiempos actuales, pues los contextos son diferentes. Sí busco rescatar la categoría de adolescente y el atributo de inmadurez que lo acompaña. Una inmadurez que hace que el adolescente haga cosas sin plantearse la consecuencia de sus acciones y que por tanto linden con la irresponsabilidad. Una irresponsabilidad, propia de la inexperiencia, la ausencia de trayectoria y del poco uso de la razón, que hace que la asociemos con una palabra que invoca un retroceso: infantilismo.

¿Es el Perú de estos días un país que peca de infantilismo? A pocos meses del Bicentenario pareciera que sí. Ya he mencionado en otro artículo que no tenemos élites. Tampoco organizaciones de la Sociedad Civil. No hay debate público. Y no lo es la bulla que ensordece y anula el diálogo que se enseñorea en las redes sociales. Los políticos intelectuales son una especie en extinción y no generan interés en los medios de comunicación. Es el mundo de los influencers y de los niños malcriados de Twitter. Mientras más insultes y más likes obtengas más cabida tendrás.

Somos un país quemarcha hacia la catástrofe. Las medidas de los últimos años, en el ámbito de lo político, condenarán al país a tener un gobierno débil y un peor Congreso, compuesto entre otros por individuos que solo buscan impunidad. Ello será el germen de la distracción legislativa y la confrontación permanente, más aún cuando será, nuevamente, un Congreso novato. No será un accidente, pues es un riesgo al ser previsible. Pero somos un país tan infantil que no estamos haciendo nada por minimizar sus efectos.