OpiniónMartes, 12 de enero de 2021
Populismo: la pandemia que nos ataca cada 5 años

El congreso, para finalizar un nefasto 2020, aprobó el proyecto de ley que fija topes para las tasas de interés. Este modifica el artículo 52 de la Ley Orgánica del Banco Central de Reserva (BCR) para otorgarle la posibilidad de regular las tasas de manera semestral. El populismo se ha convertido en el principal aliado de nuestros políticos de cara a las elecciones presidenciales de este año. En un país donde el 67.75% de ciudadanos años no llega a cursar estudios superiores (técnicos o universitarios) la demagogia está al orden del día. Este tipo de políticas, que se aprovechan del descontento popular, aparecen con mayor frecuencia en época de elecciones para captar un gran porcentaje de adeptos. Lo irónico es que no solucionan precisamente los problemas que aquejan a nuestros ciudadanos. Sin embargo, en un país con tantas brechas e inequidad es fácil direccionar esa molestia contra la gran empresa. En este caso contra los bancos.

El populismo y la corrupción son las peores enfermedades de nuestra clase política. Hay que ser pragmáticos y no dejarnos llevar por propuestas que suenan bien, pero en práctica son inútiles.

En un mercado financiero precario, donde el crédito a empresas privadas representa únicamente el 43% del PIB, establecer un tope para las tasas generaría problemas en cuanto al menor acceso a créditos bancarios formales y al incremento en el uso de mercados informales. Por un lado, limitaría el crédito únicamente para los agentes que representen un menor riesgo y excluiría a la pequeña y microempresa. Por otro lado, incrementaría los costos asociados al crédito (seguros y comisiones) para poder compensar los efectos negativos.

¿Qué nos dicen las investigaciones tanto de países emergentes como desarrollados? En Bolivia, Jafarov, Maino y Pani (2019) concluyen que el número de clientes con préstamos menores a US$ 5 000 se redujo en 10% entre el 2014 y 2018, lo que sugiere que pequeños clientes fueron excluidos. En Colombia, los topes generaron un efecto negativo en la profundización financiera, mientras que la eliminación de estos, de acuerdo con Cubillo-Rocha (2018), incrementó el número de nuevos créditos entre 28% y 53%. En Chile, Madeira (2019) encuentra que los topes reducen la probabilidad de acceso al crédito de consumo en un 8.7% para aquel grupo de hogares con una tasa de interés ajustada por el riesgo por encima del tope. Un argumento muy usado es que los países desarrollados tienen topes a las tasas de interés. Si bien su sistema es más avanzado que el peruano, en Francia y Alemania, Ellison y Forster (2006) explican que los topes redujeron la diversidad de productos para hogares de bajos ingresos. Los congresistas lo mínimo que pueden hacer es sospechar, aunque sea un poco, sobre los beneficios que le van a traer al país con esta ley.

El descontento ante un fallido sector financiero se produce por la falta de competencia y los problemas de asimetría de información que distorsionan el mercado y evitan la asignación eficiente de los recursos y tasas competitivas. Sin embargo, esto no necesariamente significa que el libre mercado esté fallando. Muchos problemas radican en la poca institucionalidad y las sobrerregulaciones. Existe diversidad de recomendaciones en literatura económica que puede ser tomada en cuenta. Por ejemplo, Talledo (2015) encontró que una menor distancia, medida en tiempo promedio de viaje al servicio financiero más cercano (30 minutos), implica una mayor probabilidad de acceder a crédito formal (2.9%) y una menor probabilidad (0.6%) de acceder a crédito informal. Además, la probabilidad de usar ese préstamo para iniciar un negocio es de 8.6%. Aparicio y Jaramillo (2011) demostraron que un incremento en la calidad de información crediticia pública, la densidad poblacional y la fortaleza de los derechos legales generan una expansión de servicios financieros. También, las condiciones geográficas juegan un rol muy importante en la provisión de servicios financieros al afectar los niveles de acceso. Una herramienta propuesta es incentivar el uso de dinero electrónico. Esto elimina costos de transacción y ayuda a que más peruanos puedan estar incluidos en bases de datos con sus respectivos historiales crediticios. En cuanto a la competencia es cuestión de eliminar leyes mercantilistas y fomentar el acceso a otros mercados financieros mediante la digitalización.

Espero que estas elecciones decidamos bien quiénes queremos que nos represente los siguientes cinco años. El populismo y la corrupción son las peores enfermedades de nuestra clase política. Hay que ser pragmáticos y no dejarnos llevar por propuestas que suenan bien, pero en práctica son inútiles. Estemos alertas, investiguemos y votemos a consciencia.