OpiniónMartes, 12 de enero de 2021
Trump no es un patriota
Raúl Labarthe
Investigador y analista económico

El 6 de enero del 2021 será recordado como el día en el que el populismo trumpista mostró su verdadera faceta. Una horda de salvajes, muchos de ellos engañados por teorías conspirativas, y unas horas antes insuflados por el discurso incendiario de su líder, atacaron el Capitolio mientras se procedía a la certificación de los colegios electorales por parte del vicepresidente Mike Pence. El atentado dejó 5 muertos, 4 manifestantes y 1 policía, donde además se decomisaron 2 bombas caseras. Un escándalo para los EEUU, ¿pero cómo llegamos hasta aquí?

En noviembre Donald Trump, con el objetivo de no aceptar su derrota y dejar de mostrarse como un vencedor, asume la narrativa de que “si no he ganado, será porque hubo un fraude”. El líder “republicano” hizo campaña en contra de los votos por correo pidiendo que sus partidarios votaran presencialmente. Luego, irresponsablemente, se declara ganador el día de la elección, cuando precisamente quedaba pendiente el conteo de millones de estos votos. Por supuesto, cuando empiezan a contarse los votos por correo, se le “voltea” el partido y empieza a reclamar fraude; como si no hubiese sabido que esto pasaría.

A partir de ese punto, quienes apoyaban a Trump sólo tenían dos opciones: o creer a su caudillo, o confiar en las instituciones. Y entiendo que haya personas que eligen no creer en estas ya que muchas veces estas dan motivos para desconfiar. Pero en Estados Unidos existe un arreglo institucional muy descentralizado: las elecciones se realizan en 50 estados que cada uno gestiona internamente. Además existen cortes de tres niveles (distritales, federales y la corte suprema) con mucha independencia del poder político.

En noviembre Donald Trump, con el objetivo de no aceptar su derrota y dejar de mostrarse como un vencedor, asume la narrativa de que “si no he ganado, será porque hubo un fraude”.

Es en estas instancias donde presentó sus más de 50 denuncias de revisión de los resultados, y ninguna dio frutos. Es en estas mismas cortes donde Trump nombró a 53 jueces federales (o de cortes de apelación) en los 4 años de mandato, muchos más que los últimos presidentes (por ejemplo, Obama nombró 55 en 8 años). Stephanos Bibas, juez del Tercer Circuito de Apelaciones de Estados Unidos, nombrado por Trump en 2017, sobre el caso que le tocó revisar sentenció que: “los cargos requieren acusaciones específicas y luego pruebas. No tenemos ninguna aquí.”.

La Corte Suprema zanjó el tema desestimando la petición de invalidar la victoria de Biden. Es importante considerar que esta corte está compuesta por 9 jueces que fueron nombrados: 1 por George Bush padre, 2 por George Bush hijo, 1 por Bill Clinton, 3 por Barack Obama y 3 por Donald Trump; es decir son 6 republicanos y 3 demócratas. Considerar que esta corte ha operado en una clase de “conspiración” contra Trump es delirante. En lo personal, no creo que Joe Biden sea el mejor presidente en estos momentos para los EEUU, pero el pueblo americano ha decidido confiarle la presidencia, y esto debe respetarse.

Y es que Donald Trump no es republicano. En su vida mostró una serie de vaivenes donde más que su afinidad ideológica se mostró su oportunismo político, saltando entre ambos partidos según sopló el viento. Durante una década (2001-2011) fue militante del Partido Demócrata. Asimismo, creer que Trump hizo una labor extraordinaria en lo económico es también falaz. El crecimiento económico fue el mismo que con Obama: 2.3% entre 2016-2019 comparado con 2.3% entre 2010-2015 (siendo justos con ambos y quitando las crisis del 2009 y del 2020); el desempleo se redujo más con Obama: de 10% a 5% vs. de 5% a 4% con Trump. Y ya sin hablar el inmenso costo institucional que ha traído el tenerlo a la cabeza del país.

Para los creen que defenderlo a capa y espada —inclusive a costa de las instituciones— es ser la encarnación del patriotismo quisiera recordarles lo que dijo un verdadero patriota americano. El expresidente republicano Theodor Roosevelt escribió: “patriotismo significa estar del lado del país; no significa estar del lado del presidente”. Y esto es absolutamente incompatible con el trumpismo. Al mismo estilo chavista, Trump denigra la tradición republicana y democrática de los EEUU al ponerse por encima de las instituciones. ÉL es el Estado, ÉL es la Ley y el Orden, y nadie más que ÉL. Y eso es populismo.