EditorialMiércoles, 13 de enero de 2021
Con nombres y apellidos

Como anunciamos en nuestra portada, la segunda ola que tanto temíamos ya está en el Perú. Si bien son muchos los que han responsabilizado a quienes participaron en las marchas que sucedieron tras la vacancia a Martín Vizcarra, así como las concentraciones en los paros agrarios del Norte y del Sur de Lima, son esas acusaciones difusas pues, mal que bien, ninguna tuvo un líder claro (a pesar de que varios políticos buscaron capitalizar los hechos) y fueron producto de movimientos de engranajes motivados por posiciones de la sociedad. No pretendemos decir -de ninguna manera- que haya estado bien que estas aglomeraciones se den cuando todas las alertas estaban dadas y cuando salíamos de prácticamente nueve meses de encierro. Es solo que las culpas y responsabilidades no pueden ser directamente endilgadas a nadie en especial.

Muy distintos son los otros dos casos que colocan al Perú, nuevamente, en una situación de tremenda fragilidad sanitaria: la demora incomprensible en la compra de vacunas para ponerle coto los contagios y -quizás más grave que lo anterior la inaudita incapacidad del gobierno para ampliar la capacidad instalada de camas UCI en nuestro país. Desde que supimos que las pruebas rápidas de poco servían y los índices de mortalidad se dispararon y se mantuvieron en cifras altísimas por meses, supimos de la importancia que tenía para la contención de la pandemia y la cura de los infectados la habilitación de camas UCI. En sus peroratas de mediodía, el vacado ex presidente Vizcarra llegó a afirmar que llegaríamos a tener 5mil camas UCI a disposición de los peruanos. Nos imaginamos que las ha colocado con las vacunas, las tablets, los colegios y los hospitales que le prometió a todos los peruanos en su momento.

Ahora bien: dejando el fantástico mundo en el que las ideas (si las tuviere) del señor Vizcarra habitan, aquí la cuestión es bastante sencilla: empezamos, hace casi un año a tener noticias de la pandemia. En ese momento el Perú contaba con 450 camas UCI aproximadamente. El mismo fue el número que el sistema de salud ofrecía cuando llegó la pandemia. 10 meses después no llegamos a 2mil camas UCI; sin embargo, las pocas que tenemos están -a diferencia del inicio de la primera ola- ya ocupadas. Entonces, si lo que los médicos señalan es cierto y en las próximas semanas vuelve a haber un pico de contagios y de necesidad de camas UCI, Martín Vizcarra, Vicente Zeballos, Walter Martos, Víctor Zamora, Pilar Mazzetti (y ahora Francisco Sagasti y el gobierno Morado) serán directamente responsables de tamaña irresponsabilidad. Hay ciudades que en un mes aumentaron en 4mil camas UCI su capacidad instalada. ¿Qué pasó aquí? La muerte, que ojalá no llegue, manchará a los ineptos mencionados.