OpiniónJueves, 14 de enero de 2021
Los lujos de la transición
Gabriel Rey
Analista Político

Desde su repentina llegada al Palacio Presidencial en noviembre pasado, el gobierno de Francisco Sagasti se auto-adjudicó la categoría de “gobierno de transición”. Este sagaz disclaimer le ha servido como fórmula para excusar sus males y camuflar victorias mínimas como “éxitos”. En efecto, luego de asumir el mandato, el miembro del Partido Morado y su gabinete se cansaron de aclarar que su labor principal sería garantizar un democrático traspaso del poder, relegando a un segundo plano la búsqueda de soluciones eficientes para los problemas inmediatos heredados de la fracasada gestión de Martín Vizcarra y el breve y repudiado gobierno de Manuel Merino.

No podemos darnos el lujo de perder el tiempo con medidas improductivas. Se necesita que el Ejecutivo ejecute y bien. Sin cursilerías ni “sacadas de cuerpo”

No obstante, debemos tener claro que si hay algo que no ha tenido hasta el día de hoy el “gobierno de transición” ha sido éxito. Su fracaso se evidenció, primero, con la ineptitud para manejar la crisis social provocada por las manifestaciones en contra de la -hoy derogada- Ley de Promoción Agraria. Las protestas protagonizadas en parte por trabajadores indignados y en parte por delincuentes oportunistas en Ica y demás regiones, enfrentándose a la abandonada Policía Nacional, fueron consecuencia de la incitación a las marchas luego de la vacancia de Vizcarra. Las mismas que promovió el partido de gobierno. Empero, las consecuentes “muertes agrarias” una vez asumido el poder por Sagasti no parecieran merecer honor o verso alguno de parte del Jefe de Estado. Un claro autogol del sobrecalificado mandatario.

La segunda fuente del fiasco ha sido la falta efectividad para manejar la crisis sanitaria y económica. Hasta ahora no se ha descartado la idea de una nueva cuarentena, política que ha sido demostrada como ineficiente a nivel mundial por sus altos costos y pocos beneficios. Continuamos con la restricción de acceso a playas -espacio abierto por antonomasia- sin contemplar, en todo caso, medidas menos lesivas como adecuados controles de aforos y cumplimiento de protocolos, mientras que sí se permite la operación de centros comerciales informales que no cumplen con ningún tipo de control sanitario. Por si fuera poco, el viceministro de Salud Pública, Luis Suárez, ha declarado que existe la posibilidad de que se implementen medidas más drásticas en las fronteras, ignorando la inutilidad de esta decisión al inicio de la pandemia y creyendo -ingenuamente- que eso impedirá la propagación de la nueva cepa.

Así las cosas, la noticia de las vacunas fue presentada como la luz al final del túnel. El gran logro de Sagasti. Sin embargo, debemos entender que este “avance” era lo mínimo indispensable que debía conseguir el gobierno morado y aún así no resuelve nada (1 millón de vacunas se agota en 500 mil personas). La adquisición de vacunas debe crecer exponencialmente. Esta situación no le garantiza ningún crédito al gobierno para financiar sus fracasos.

No podemos darnos el lujo de perder el tiempo con medidas improductivas. Se necesita que el Ejecutivo ejecute y bien. Sin cursilerías ni “sacadas de cuerpo”, ya que (aunque a veces lo parezca) nuestro país no es parte de una novela fantástica.