EditorialDomingo, 17 de enero de 2021
Elecciones borrascosas

El proceso electoral del que probablemente seremos participes y testigos en abril (el condicional es porque nadie todavía termina de calibrar el impacto que una segunda ola epidemiológica podría tener; las elecciones podrían postergarse) es uno que marcará un hito en nuestra Historia republicana. Los motivos tienen poco que ver con la pompa del bicentenario -que, si quisiésemos ser puntillosos sería 2024-. Estas elecciones determinan el curso del modelo económico, de la estabilidad constitucional y del rumbo que el país decida tomar con impacto no solo en el próximo lustro sino en las próximas décadas. Y no es un proceso que vaya a darse en condiciones regulares, pues el presidente electo hace cinco años renunció, su sucesor fue vacado por ser considerado por 105 de los 130 congresistas que él hizo elegir tras cerrar el congreso previo como un presunto coimero. El presidente del congreso, que asumió funciones, se convirtió -por obra del consenso progresista- en un dictador y poco después el actual presidente entró por la misma puerta que su predecesor, pero como el señor Sagasti pertenece a la argolla a la que el señor Merino no, pasó piola y todo macanudo.

La cuestión está en que el señor Sagasti sigue siendo candidato a la vicepresidencia del escurridizo líder del partido Morado, Julio Guzmán. Y por más que, emocionado, en su discurso de asunción de mando dijo que su gabinete sería uno que convocaría a todas las fuerzas políticas y también su gobierno, dos de sus ministros han sido candidatos por el partido Morado, sus asesores son candidatos son militantes del mismo partido. Tiene una bancada en el Congreso y -como si lo anterior fuera poco- el nuevo Director del Servicio de Inteligencia también ha sido candidato por el partido del que el señor Sagasti no solo es militante y candidato, sino fundador y nos atreveremos a decir que, en algún modo, ideólogo porque Julio Guzmán puede tener muchas cosas -como departamentos en la zona más exclusiva de San Isidro o casas de lujo en la playa, pero ideas no tiene. Y si las tiene lo disimula profesionalmente-. Así las cosas, estamos frente a un gobierno morado. Ya todos sabemos lo que se dice sobre la mujer del César. Entonces: debiera ser una prioridad para el presidente Sagasti que no quepan dudas de la imparcialidad del proceso que se avecina.

A pesar de lo anterior, el gobierno Morado ha hecho todo menos lo que se esperaba de parte de ellos: han pintado de morado todo lo que han podido. Han llenado al gobierno de militantes de su partido y el señor Sagasti está esperando, no nos queda claro a qué, para cumplir con su palabra y renunciar a la vicepresidencia de la plancha que encabeza Guzmán. Las autoridades electorales, por otro lado, parecen bastante convencidas de querer despejar la cancha para que solo puedan competir algunos candidatos. Así, el APRA, Francisco Diez Canseco, Fernando Olivera y Fernando Cilloniz ya fueron retirados de la contienda. Por otro lado, César Acuña enfrenta una tacha que reside en una real ridiculez mientras que hay un intento de tacha a Hernando de Soto también en proceso. La señora Keiko Fujimori, por otro lado, sigue lidiando con las pretensiones del fiscal José Pérez, que todavía no ha sido capaz de acusarla, pero está convencido de que su partido no debe participar del proceso y de que ella debe esperar a que él haga su trabajo, presa preventivamente. Dífilamente el gobierno y el aparato estatal están proyectando lo que deberían.