OpiniónLunes, 18 de enero de 2021
Desfachatez absoluta
Stephanie Winder
Bachiller en Derecho, Máster en cultura digital y sociedad por King’s College y Máster en Humanidades digitales por UCL

La doble moral ha alcanzado niveles alucinantes. Habrase visto: viene una moradita a decir que el Ministerio Público depende del ejecutivo y también que la misión del congreso es designar presupuestos y al día siguiente muy tranquila ella saca un comunicado en redes donde admite que se equivocó porque todos somos “imperfectos” -no pasó nada-. Ni qué decir de la manera en cómo el periodista que estaba liderando el debate pasa el tema por agua recontra tibia como si fuera un error común.

Parece ser que ahora la desfachatez es parte de la lógica, porque no sólo son esas equivocaciones o “imperfecciones” en las que reina la supina ignorancia de algunos de los candidatos al congreso o la presidencia, sino que también se dan en situaciones aún más alarmantes.

En el tema sanitario -nuestra prioridad por la coyuntura de pandemia- teníamos al ministro Zamora y ahora a la Dra. Mazzetti que se deberían responsabilizar por las decenas miles de muertos y las paupérrimas medidas tomadas con reacciones tardías para la situación precaria en la que se encuentra el Perú.

Por ejemplo: frente a hechos completamente delictivos, como es el caso de Susana Villarán donde la ex alcaldesa salió en televisión nacional a admitir públicamente que había robado, y no solo eso, sino que había utilizado dinero del Estado para su campaña política la pregunta es ¿Dónde está actualmente? Porque no veo que este en la cárcel cumpliendo condena por los varios delitos que se le atribuyen.

La sociedad peruana está permitiendo, y no condenando, a las personas que salen a declarar que efectivamente han cometido actos en contra de la ley y que las personas que se ponen en orden sean las más desfavorecidas. Siendo este el caso de Keiko Fujimori que al día de hoy no tiene acusación fiscal y que igual ha estado meses en prisión preventiva y se le sigue pretendiendo excluir del proceso electoral.

En el tema sanitario -nuestra prioridad por la coyuntura de pandemia- teníamos al ministro Zamora y ahora a la Dra. Mazzetti que se deberían responsabilizar por las decenas miles de muertos y las paupérrimas medidas tomadas con reacciones tardías para la situación precaria en la que se encuentra el Perú. Estamos pagando 75 dólares por cada vacuna china -la menos efectiva hasta el momento- como si fuéramos un país al que le sobraran los recursos. Lo peor, es que siguen dando declaraciones de prensa y además, se levantan y se retiran de las declaraciones a su gusto porque ya no se les antoja seguir contestando preguntas.

Ni qué decir de Vizcarra, nos dejó un país económicamente por los suelos y con más muertos por millón de habitantes que el resto del mundo a pesar de sus cuarentenas extremas. Otro que jugaba a la prensa con sus seleccionados, respondiendo solo las preguntas que le favorecían, y que hasta hace unos días andaba recorriendo el país para ser elegido congresista. Atropellando nuestra libertad con el Decreto Legislativo que le da a la Sunat acceso a toda nuestra información bancaria. Y que parece haber incrementado considerablemente su patrimonio desde su cargo de gobernador hasta el de presidente, entonces vuelve la pregunta ¿Y donde esta? En la comodidad de su hogar aparentemente.

Ahora, mi pregunta es ¿dónde están las Universidades, las instituciones públicas, las instituciones culturales, la Iglesia Católica, los Tribunales de Justicia? Son las entidades que deberían alzar la voz, y salir en defensa de lo que es correcto, manifestándose de manera acertada y proporcionar información coherente para que los ciudadanos puedan entender e informarse adecuadamente.

En conclusión, hay un tema de moral muy grave en la sociedad del bicentenario.