OpiniónMartes, 19 de enero de 2021
Verónika, Nerón y la piromanía monetaria
Raúl Labarthe
Investigador y analista económico

Como es sabido, la candidata de izquierda Verónika Mendoza declaró que el uso de la maquinita para reactivar la economía “es una posibilidad que se verá en su momento”. Luego de dejar en suspenso semejante afirmación, con un poco creíble intento de moderación, pretende suavizarlo al agregar que respetaría la independencia del Banco Central de Reserva (BCR) de ser elegida. ¿Pero acaso no se da cuenta que no se puede hacer uno sin lo otro?

La independencia del BCR se defiende mucho pero pocos entienden todo lo que implica. Y es que basta revisar la historia para comprender cómo es que la emisión de billetes ha sido siempre el sueño de los más terribles tiranos. Sólo piense qué haría usted si tuviese esta maquinita mágica en su casa, lista para usarla cada vez que no llegue a fin de mes, ¿no la usaría acaso cada vez que pueda? Pues es así. La maquinita es esencialmente el anillo de Sauron. Vuelve al portador todopoderoso. Con imprimir unos papelitos basta para extraer de los demás toda los bienes que desee.

Y es que Mendoza al decir que utilizaría la maquinita para estimular la economía está esencialmente diciendo que NO respetará la independencia del BCR.

En el pasado esto fue así muchas veces. En el siglo I, Nerón acuñó denarios con menor cantidad de plata para así realizar pagos utilizando menos mineral; a esto se le conoce como señoreaje y es esencialmente un robo. El gobernante de turno, al controlar el gasto público y también ser el soberano de la moneda, tenía un tremendo poder. Controlando ambos, el tirano podía ser el primero en introducir estas monedas al mercado para gana un beneficio a costa de todos los demás. Eso sí, a costa de viciar el sistema, generar desconfianza en la moneda, y producir inflación.

Si un gobernante puede crear dinero ilimitado para hacer sus pagos, podría por ejemplo, hacer obra pública ilimitada. Es aquí donde la teoría keynesiana resalta la relación positiva entre la inflación y el crecimiento. Pero el sentido común nos debe llevar a que existe algo equivocado en todo esto. Esto crecimiento sólo se produce cuando la gente no sabe que la están estafando. Si la gente no sabe que los precios están subiendo porque aumenta el papel, consume y produce más, generando crecimiento y empleo en el corto plazo. A esto se le llama curva de Phillips.

Pero este crecimiento generado por el fraude monetario es como el efecto de una droga. Genera una euforia de corto plazo: las empresas se lanzan a proyectos en los que no deberían y las familias se endeudan. Al final, el síndrome de abstinencia tiene que llegar: inflación, crisis y desempleo. En el Perú, luego de que Alan García y sus antecesores repitieran esta piromanía monetaria de Nerón, es que se decide separar al BCR del poder político de turno.

Y es que Mendoza al decir que utilizaría la maquinita para estimular la economía está esencialmente diciendo que NO respetará la independencia del BCR. Es casi como decir que cerrará el congreso pero que respetaría la democracia. Son asuntos indisolubles. La separación fuerte entre la economía real y la monetaria está forjada justamente en esta regla institucional. Lo que en el fondo busca resolver un problema de incentivos contrapuestos: el cortoplacismo de la política versus la estabilidad de largo plazo de la moneda.

La moneda debe tener exclusivamente el rol de ser un depósito de valor para realizar transacciones y no como un estímulo artificial el crecimiento. De esta manera se obliga al gobernante a buscar soluciones reales para hacer crecer la economía: como por ejemplo elevar la capacidad productiva a través de más inversión. Lo demás es humo. Por favor, ¿cuantas veces habrá que repetirles a los keynesianos que los incendios no se apagan con gasolina?