OpiniónViernes, 22 de enero de 2021
La falacia de la “desigualdad”
Alejandra Benavides
Administradora y MBA por la Universidad de Berkeley

Esta semana salió el Director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, a advertir que el mundo está al borde de un “fracaso moral catastrófico”. Juzgó a aquellos países que osaron comprar vacunas contra el SARS-CoV-2 directamente a los laboratorios y no a través de COVAX Facility (un enjambre burocrático liderado por los Gates y la Gavi Alliance). Esto resultaría, según Tedros, en una “enorme desigualdad en la distribución de las vacunas”, y que el “fracaso moral se pagará con las vidas y el sustento de los países más pobres”. Estas declaraciones del Director de la OMS me hicieron acordar a la misma retórica retrógrada que tiene la izquierda local, representada en gran parte por Verónika Mendoza, quien repite “desigualdad” como disco rayado y es la justificación para sus propuestas radicales.

Para comenzar, el concepto de “desigualdad” es una falacia per se. Nadie es igual a otro. Todos tenemos características y habilidades intrínsecas que nos hacen superiores, inferiores o simplemente diferentes a otros, así como cada ser humano tiene distintas necesidades, ambiciones e ideas sobre su propia felicidad. Sin embargo, la izquierda local continúa en su lucha por crear un ejército de ciudadanos despojados de su individualidad, con la ilusión de eventualmente llegar al “hombre nuevo” (¡ya van más de 100 años con la misma cantaleta!). Este anhelo se ha hecho más evidente en declaraciones de su partido, quienes plantean reformar el sistema de colegios de alto rendimiento COAR, pues los consideran discriminatorios y que propician la desigualdad. Queda claro que para la izquierda local la meritocracia es ridícula y los talentos carecen de valor, y que mejor es mantener a todos en las mismas condiciones, así sean paupérrimas, para no crear mayores brechas.

Los gobiernos de izquierda que han pretendido reducir la desigualdad en sus países, han hecho peor trabajo que los que no. El palabreo definitivamente es lo suyo, pero las cifras no mienten.

Segundo, la izquierda es suspicaz del éxito ajeno. Tiene la idea de que cualquier próspero ha hecho su fortuna malamente (¿estarán proyectando su modus operandi en otros?), a costa de los demás. Sin embargo, es imposible determinar exactamente cómo las personas hicieron su riqueza – si fue desde a través del trabajo y esfuerzo propio, o si nace de algún privilegio exclusivo o trato diferente. Sin embargo, esos “privilegios” o “tratos diferentes” se han dado en la mayoría de casos gracias a que el mismo Estado los ha dado. Por tanto, en vez de pensar formas de “castigar” a quienes generan riqueza en pro de la igualdad, en palabras de David Henderson del Hoover Institute, “la mejor manera de prevenir beneficios mal generados, es quitarle el poder al gobierno de poder darlos”. (Aló, Grupo El Comercio y La República).

Tercero, los gobiernos de izquierda que han pretendido reducir la desigualdad en sus países, han hecho peor trabajo que los que no. El palabreo definitivamente es lo suyo, pero las cifras no mienten. El imperio Yankee tuvo un índice GINI en 2006 de 40, mismo año en que Venezuela tenía 46 – 2006 es el último año con información para Venezuela, y para ese entonces Hugo Chavez ya tenía 7 años de gobierno. El índice GINI de Perú cayó constantemente de 56 en 1998 a 43 en 2018 (0.65 puntos promedio por año), mientras que en la Argentina Kirchnerista entre 2003-2015 pasó de 48 a 42 (0.5 puntos promedio por año). Con Evo Morales, en 2018, el índice GINI de Bolivia era igual que el de Perú en ese año, pero Bolivia con un índice de pobreza de 36% y Perú de 20%. Y, en los gobiernos izquierdistas de Lula y Dilma entre el 2003 y 2016 pasó de 57 a 53 (4 puntos en 13 años).

La incapacidad de Verónika Mendoza (alias Merlina Addams con voz de mosca muerta), quien, como acertadamente dijo PPK, “nunca ha hecho nada en su perra vida”, de poder articular propuestas de crecimiento y desarrollo, se traduce en su afán de tomar lo que otros han creado y hacerlo propio, en nombre de la justicia social. Sin embargo, la lucha de Vero siempre estará perdida, pues hay quienes, independientemente de las condiciones que le sean impuestas, destacarán y descubrirán mejores formas de vivir, y que tendrán infinitas fortunas, no sólo enriqueciéndose ellos, sino generando valor para otros. Siempre nacerán nuevos Elon Musk, Eric Schmidt y Jeff Bezos, y la izquierda nunca lo podrá controlar.