OpiniónMiércoles, 17 de febrero de 2021
La farsa vizcarrista al descubierto
Adriana Tudela
Abogada. Ex asesora parlamentaria. LLM por la Universidad de Chicago

Las últimas revelaciones respecto al indecente aprovechamiento que el ex presidente Martín Vizcarra, Pilar Mazzetti y otros funcionarios hicieron de su poder para acceder de manera indebida a la vacuna ha dejado al país profundamente asombrado, indignado y decepcionado ante tanta sinvergüencería y cinismo.

Mientras miles de peruanos morían y el personal de salud se enfrentaba -día a día y totalmente desprotegido- al virus en la primera línea de batalla, habían ciertos nefastos personajes que creían que tenían corona por el hecho de ocupar el cargo que ocupaban. Ellos no se podían “dar el lujo” de contagiarse, pero el peruano de a pie, sí.

Las explicaciones dadas por los involucrados son lamentables; sin embargo, las más alucinantes son las que ha dado Germán Málaga, director del ensayo clínico de Sinopharm realizado por la Cayetano Heredia, responsable directo por el uso de estas vacunas y -ya está clarísimo- miembro del círculo vizcarrista.

De la misma manera, cuando ya se había revelado que Martín Vizcarra había sido vacunado de manera irregular, en lugar de aceptar la culpa, nos pretendió hacer creer que él había realizado un acto de sacrificio patriótico.

Esta mañana lo hemos escuchado decir que vacunó a su hija, quien viajó al Perú desde Alemania exclusivamente para ese fin y luego se volvió a ir, “porque quería ver a sus abuelos”. No puedo evitar recordar, a raíz de estas declaraciones, cuando el gobierno de Martin Vizcarra gastó millones de soles del contribuyente en una grotesca campaña publicitaria en donde nos decían que seríamos cómplices de la muerte si osábamos visitar a nuestros familiares.

Resulta que mientras el gobierno vizcarrista gastaba el dinero de los peruanos en una campaña de culpabilización y miedo, muchos funcionarios, allegados y simpatizantes del mismo se vacunaban para poder hacer lo que nos pedían que no hagamos. También escuchamos al señor Málaga decir que el hecho de haber vacunado al dueño de un conocido chifa limeño era “bastante lógico”, dado que la delegación China ya se había cansado de “comer Burger King”. Obvio, lógico.

Lo peor es que los involucrados, a pesar de haber sido ampayados, no parecen tener la más mínima intención de dejar de mentirnos. El señor Málaga ha afirmado ante el Congreso que es una práctica común que se haga uso de vacunas “de cortesía” para vacunar a las personas que realizan los ensayos. No obstante, parece ser que no es tan común ni mucho menos ético, pues el jefe del ensayo clínico de la vacuna Astrazeneca en el Perú ha señalado que su equipo solo recibió las dosis necesarias para conducir el ensayo y que nunca había escuchado de esa práctica de enviar vacunas “de cortesía”. Incluso si operamos bajo el supuesto de que es una práctica regular, no hay justificación alguna para favorecer a familiares y políticos de su simpatía.

De la misma manera, cuando ya se había revelado que Martín Vizcarra había sido vacunado de manera irregular, en lugar de aceptar la culpa, nos pretendió hacer creer que él había realizado un acto de sacrificio patriótico. Esta mitomanía parece ser compartida por Pilar Mazzetti también, pues a pesar de que ya se sabía que Vizcarra había sido vacunado y que probablemente se revelarían otros nombres, ella se paró frente al Congreso a decirnos que no sabía nada. Incluso señaló que sería la última en vacunarse, pues “el capitán es el último en abandonar el barco”. Al día siguiente supimos que ella también se había vacunado meses atrás.

Si algo podemos rescatar de este escándalo, es que los peruanos ya sabemos quiénes son realmente los que nos estuvieron gobernando durante estos últimos años. La incapacidad moral de Vizcarra, tan controvertida en su momento, ha sido comprobada por los hechos. Y la farsa que en realidad constituyó su gobierno, también.