PortadaMiércoles, 17 de febrero de 2021
La náusea

Hoy, vamos a dejarnos de cosas y de aproximaciones alambicadas a la realidad. Esribiremos como ciudadanos y no bajo el prisma del periodismo. Los peruanos estamos acostumbrados a que el Estado nos robe. Nos viene robando desde su ilustre fundación hace casi 200 años. Estamos acostumbrados a la pillería pendeciera de nuestros políticos, al latrocinio institucional y a la contínua decepción. Pero aquí se ha roto algo. Una cosa es que nos roben parte de lo que debió ser una carretera o un hospital. Que se queden con porcetajes de obras, o que pidan comisiones. Son todos delitos, pero -por favor, sin ser cucufatos- todos creemos que deben ir presos pero a nadie le duele. A nadie le indigna. Es, simplemente, otro golpe duro que ser peruano implica. Pero que nos roben y se arme un círculo de corrupción con una empresa de vacunas mientras con esta se negocia y han muerto ya más de 80mil peruanos y somos millones los que todavía lidiamos con el luto es una puñalada al corazón que no tiene comparación. O al menos no una que se nos ocurra. Martín Vizcarra diciendo -con el aval de Rosa María Palacios- que él fue parte de las pruebas. Pilar Mazzetti explicando que ella no se vacunará sino hasta el final porque el capitán no abandona el barco. Pero ambos estaban ya vacunados. Y Germán Málaga, esa artrópodo que le hacía vivas a la muerte del neoliberalismo y hablaba de una sociedad más solidaria y más justa y que no solo hizo tremenda cuchipanda con las vacunas, sino que trajo de Europa a su hija, la vacunó, y la devolvió a Europa. La nausea es casi incontrolable.