OpiniónJueves, 18 de febrero de 2021
El dilema del mejor postor
Gabriel Rey
Analista Político

¿Cómo volver al pasado? La respuesta no la tienen Marty McFly y el Dr. Emmett Brown. En política, esta pregunta la responden los lores comunistas antes de una elección. Estos personajes pregonan una ideología desarrollada en el siglo XIX (aunque pareciera más antigua por lo cavernario de sus propuestas) que, cuando se aplicó a fondo en diversos países, diría el economista argentino Javier Milei, “fue un fracaso en lo económico, en lo social, en lo cultural y se cargó con la vida de 150 millones de seres humanos” (el resto de la cita, por decoro, se omite).

Sin embargo, candidatos como Yonhy Lescano y, sobre todo, Veronika -con K de KGB- Mendoza (y sus ayayeros Alvites, Bazán o Ayala) no tienen ningún reparo en manifestarse en favor de estas nefastas y desfasadas posturas. No llego a entender si es falta de capacidad intelectual, necedad política o simplemente maldad. Lo cierto es que defienden aquellas ideas que provocaron nuestra catástrofe el siglo pasado (aquellas que trajeron terrorismo, estatizaciones, controles de precios, emisión monetaria descontrolada e inflación, etc.). La lucha de todos los peruanos, sin duda, es contra estos candidatos y su doctrina parasitaria para evitar el riesgo de quedar olvidados en el pasado.

Fue la misma cantaleta toda la pandemia: no supieron comprar camas UCI, implementar plantas de oxígeno, aumentar el personal sanitario ni mucho menos adquirir vacunas (salvo que sea con corrupción). Y, para colmo, prohíben que el privado (infinitas veces más eficiente) traiga vacunas.

¿Cómo estacarnos en el presente? Es fácil: votemos por más de lo mismo. La crisis actual nos demuestra que los gobiernos progresistas, “de centro”, “de transición”, no sirven para absolutamente nada. La crisis provocada por el innombrable y reptiliano “Vacunarra” y el fanfarrón de Sagasti ha demostrado que el Estado que “mucho abarca, poco aprieta”.

Fue la misma cantaleta toda la pandemia: no supieron comprar camas UCI, implementar plantas de oxígeno, aumentar el personal sanitario ni mucho menos adquirir vacunas (salvo que sea con corrupción). Y, para colmo, prohíben que el privado (infinitas veces más eficiente) traiga vacunas. Candidatos como Forsyth, Guzmán o Salaverry se muestran perfectamente capaces de replicar esto dada su incapacidad intelectual y de gestión y sus inexistentes propuestas. Ello sin mencionar que el actual gobierno es morado y el pasado lo lideró el hoy candidato de Somos Perú.

Ahora bien, ¿cómo, aspiramos al progreso en el futuro? Nos guste o no, quedan dos opciones. Dos personajes “de derecha” aparecen en el horizonte electoral (el potente anti-voto de Keiko Fujimori hace que no se pueda tener certeza de su firmeza como candidata). Con semblantes parecidos, pero trayectorias distintas: De Soto (HDS) y López Aliaga (RLA). Ambos con muchos puntos fuertes y otros no tanto.

La edad de HDS es preocupante. RLA aparenta intervencionismo y populismo. El perfil académico de HDS permite cuestionar su potencial capacidad de gestión. El “conservadurismo extremo” de RLA repele a muchos. Así, podríamos seguir días, pero la cuestión es que no hay más opción. Es lo que hay. Y sobre esta base habrá que elegir.

Y, entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué no simplemente votar por quien más le guste a uno? Mi aproximación es que, de hacerlo, podríamos estar perdidos. Las encuestas van a variar hasta abril, pero soñar con una segunda vuelta entre ambos y que gane el mejor es simplemente un sueño opiáceo. Creo, aunque pueda pecar de iluso, que nuestra única esperanza es que llegue un punto en que, por el bien de todos, uno de los dos candidatos, dejando egos de lado, se inmole y apoye al rival. Al final, su rivalidad no nos puede desviar del enemigo común. Por ende, nos queda un último dilema: ¿Cuál será capaz de rendirse ante el mejor postor?