OpiniónViernes, 19 de febrero de 2021
A menos de 2 meses de las elecciones…
Gonzalo Bussalleu
Analista Político

Las encuestas del fin de semana pasado han vuelto a barajar una serie de nombres de candidatos en diferentes posiciones expectantes para ver si alguno engancha con el electorado. En efecto, que el candidato “nulo/viciado/no participare” siga siendo el favorito y por mucho, no levanta sonrojo en el resto de candidaturas sino más bien alienta sus expectativas de resultar elegidos por una mezcla de ocasional de un eventual estado de ánimo del electorado y suerte (voto por el más pintoresco, el más “duro”, el “angelical” o cualquier otra caracteristica no necesariamente engarzada con una propuesta y equipo de Gobierno solvente).

¿Qué elementos pueden estar explicando esta situación? Esboza algunas posibles causas concurrentes:

1. La Pandemia. La población esta sumida en el espectaculo constante de una tragedia sin horizonte de solución, que ha arrasado con las posibilidades de la población de mejorar o siquiera mantener su endeble economía, y donde la sensación de un Estado (más) corrupto, ausente, indolente o, en el mejor de los casos, altamente ineficiente, produce un estado de incertidumbre, miedo y necesidad económica que son lo que ocupa la mente del elector. Una ajenidad frente a lo estatal muy peligrosa para un sistema democrático de muy bajo nivel y pobrisima afección.

2. La falta de credibilidad de lo Político. Lamentablemente, los altos índices de corrupción por parte de los diferentes actores en la arena política (dirigentes de distintas organizaciones, políticos, partidos políticos, etc.); producen que las gentes consideren que todos son iguales, que las elecciones son un ejercicio inútil. Esto nos llevaría a, eventualmente, la nulidad del proceso electoral por los votos invalidos (2/3), o que los “vencedores” tengan tan poca votación real, que su legitimidad este comprometida desde el inicio.

3. La campaña aun no se “enciende”. En el contexto mencionado anteriormente, ante la imposibilidad del elector de una elección racional (todos iguales y malos) y una campaña de movilidad e información disminuida (los medios de comunicación estan ocupados en la pandemia y, en menor medida, en la corrupción), donde la “vida partidaria” ha fenecido, donde no hay mítines ni nada parecido a un discurso hilvanado (solo twiters o whatsapp, minicanciones y lemas enmarcados en logos chillones); la campaña “ruidosa” de muchos no se escucha. Actualmente solo hay posicionamiento pero una profunda falta de capacidad propositiva y creible, capaz de despertar un mínimo de alegría ni adhesión, salvo la de algunos bolsones de fieles (en muchos casos, de tipo clientelar, en busca de defender o acceder a puestos de la Administración o recursos de las mismas vía subvenciones o consultorías de éstas o del extranjero).

4. Polarización rudimentaria o de trinchera. En general, si bien las encuestas no electorales y los últimos resultados electorales indican que la población se inclina más por posiciones que podrían calificarse de derecha, existe una profunda indefinición de la mayoría de los actores políticos que no saben distinguir las políticas de derecha e izquierda; y que juegan a una polarización más rudimentaria (fujimorismo (¿aprismo?)/ antifujimorismo, buenos / malos, corruptos / anticorruptos), que les permita ganar sin agenda y sin posibilidad de examen posterior alguno.

Ello no significa que no exista una guerra enmascarada entre sectores de izquierda o nueva izquierda, contra sectores de centro derecha (ésta última, desarticulada en su accionar, frente a una nueva izquierda muy coordinada en cuanto a sus grupos de poder), que enfrentan sus discusos (menos Estado pero más fuerte en sectores como Seguridad e Infraestructua y un mayor control en Educación y Salud contra una alternativa de más Estado intervencionista, asistencial y activista en politicas autodefinidas como progresistas y débil en Seguridad e Infraestructuras así como en políticas de inversión privadas); pero que no permea hacia la población en cuanto a las elecciones (máxime cuando muchos líderes de estos grupos no participan directamente en los comicios).

5. Los grupos activistas. En unas elecciones que pueden inclinarse por unos pocos votos, cada voto (y recursos), son vitales. Lo cierto es que, los grupos de activistas, con sus muchas banderas (ambientalistas, LGTB+, Pro vida etc.), aún no definen (dentro de sus campos de preferencias) las mejores opciones para sumarse con su apoyo y recursos. No obstante, tampoco es dificil de entender que dichos grupos no se sumen con todo, respecto de un candidato que, de resultar electo, ante los problemas nacionales, vea dificil priorizar una agenda que estará copada por la pandemia y la crisis económica.

6. Quienes pueden participar, la tabla multicolor de candidatos está sufriendo de una “rigurosa” revisión por parte del JNE. Esta revisión más que cuestionada porque la sensación es que, el JNE tiene a sus preferidos. No todos estos candidatos aprietan el acelerador a full todavía, hasta no tener claro que puedan participar.

Lo que podemos concluir de estas premisas es que aun la campaña electoral esta fría, las “encuestas”, como una foto del hoy (con mayor o menor fidelidad respecto al resto de candidatos) coinciden en dar como ganador al “no me interesa” y eso debería más que preocuparnos, porque llegado el momento si las elecciones son válidas el ganador tendrá una votación muy baja por convencimiento o voto anti (todo lo demás) que se verá reflejado en una baja representatividad que puede en el corto plazo seguir manteniendo la inestabilidad que hasta ahora tenemos en el país.