EditorialJueves, 1 de abril de 2021
Lo que vivimos

Lo que las encuestas muestran no deja de ser confuso. Hay una especie de empate técnico entre un pelotón de candidatos que, si se toma en cuenta el margen de error, luchan por los lugares con posibilidad de un pase a segunda vuelta. Ahora, la mayor concentración de votos, hasta ahora está en ese más de 30% de peruanos que no se encuentran representados por ninguna de las alternativas sobre el tablero y que ven, más bien, con indiferencia la justa electoral que acabará, al menos en su primera etapa, este 11 de abril próximo.

Lo que vivimos es preocupante. No ha terminado de quedar claro que el modelo económico de libertad y el modelo Republicano de sociedades abiertas es la única ruta que nos va a permitir avanzar hacia el progreso y el desarrollo. Parte de los candidatos que aún guardan posibilidades no cree en la minería y forma parte de un grupo de populistas desaforados que modulan su discurso frente al auditorio para ir cosechando votos. Los paladines de la libertad se han quedado mudos a la hora de defenderla; la prensa ha jugado un rol imperdonable.

Martín Vizcarra y la camarilla de secuaces que lo acompañó en su asalto al poder le han hecho mucho más daño al Perú de lo que, sin la perspectiva histórica que el paso de los años dejará claro, hoy podemos percibir. Las “reformas” emprendidas por este señor han sido más que una catástrofe que ha mellado en lo más profundo del Estado y parte de la tarea que algún día tendrá que hacerse -es incierto quien tenga la capacidad política de hacerlo- será deshacer lo mal hecho por el Vizcarrato y sus consultores notables. Todo abortado y parchado.

Lo que vivimos es responsabilidad de quienes no han gobernado, sí. Pero esta incertidumbre es también responsabilidad de nosotros, los ciudadanos. Los empresarios no han defendido el libre mercado, sino la libertad de empresa -y no es lo mismo- y los demócratas hemos renunciado mansamente a nuestras libertades y hemos dejado que una a una nos sean removidas sin alzar la voz de protesta. Lo que vivimos es el producto de una sociedad que decidió declararse apolítica y cayó en el peor de los errores: le dejamos la política a los políticos.