OpiniónDomingo, 4 de abril de 2021
La línea divisoria
Fernando Rospigliosi
Analista Político

La línea divisoria fundamental en estas elecciones es la que separa a aquellos partidarios del libre mercado y la democracia, de un lado, y a los seguidores del socialismo, el estatismo y el autoritarismo.

Como es evidente ahora, el populismo y el izquierdismo han avanzado en los últimos años y, a consecuencia de la crisis provocada por la pandemia y las desastrosas gestiones de Martín Vizcarra y Francisco Sagasti, se han desbocado.

El actual Congreso es una muestra de eso. Los partidos declaradamente izquierdistas eran, teóricamente, una minoría. Sin embargo, el populismo se ha enseñoreado en el Parlamento y en un corto tiempo han producido más normas imprudentes y desquiciadas que en varios períodos anteriores.

Un ejemplo típico es el de Acción Popular, partido que lo único que tiene en común con el fundado por Fernando Belaunde es el nombre. Hoy día es un conglomerado amorfo que se mueve en la dirección en la que sopla el viento. Y si el viento apunta hacia la izquierda, allá va. No es casualidad que hayan nominado a un populista izquierdista como Yhony Lescano como su candidato.

Como suele ocurrir en el Perú, algunos acomodaticios creen que podrán manejarlo y que el fondo no sería tan malo. En realidad, sería pésimo, no solo porque es un avezado oportunista, mendaz y traicionero -Vizcarra empequeñece a su lado-, sino porque la situación crítica del Perú empujaría a alguien de sus características a un populismo frenético.

Como es evidente ahora, el populismo y el izquierdismo han avanzado en los últimos años y, a consecuencia de la crisis provocada por la pandemia y las desastrosas gestiones de Martín Vizcarra y Francisco Sagasti, se han desbocado.

Ollanta Humala era también un populista izquierdista, pero llegó al Gobierno en una situación de excepcional bonanza, cuando “cambiar el modelo y la Constitución” no era atractivo para la mayoría, y tuvo a su alrededor a varias personas más interesadas en enriquecerse ilícitamente que en lanzarse a peligrosas aventuras revolucionarias.

Hoy día la situación es radicalmente distinta y el peligro es mayor.

Otro de los frecuentes errores que cometen algunos es el de creer que las encuestas que señalan que Lescano ganaría a tal o cual candidato en segunda vuelta son definitivas. Eso es tan absurdo como pensar que el candidato que encabezaba las preferencias seis meses antes de las elecciones era el seguro ganador.

Si así fuera, no habría necesidad de hacer elecciones. Pero en el Perú las preferencias cambian vertiginosamente en las últimas semanas. Y las campañas electorales sirven precisamente para eso: muestran las propuestas de algunos candidatos, sus equipos, sus fortalezas y a la vez desnudan las debilidades y carencias de otros.

A una semana de las elecciones nada es seguro todavía. Lo único cierto es que el peligro populista representa una amenaza concreta que podría hundir al Perú en un abismo insondable.