EditorialLunes, 5 de abril de 2021
La muerte normalizada

Cuando empezaron a sonar rumores de la llegada de una posible segunda ola de contagios y muertes de CoVid-19 al Perú, pareció una pesadilla. No solo por la herida terrible que había dejado en el país la pandemia durante todo el 2020, sino porque el vacado ex Presidente Martín Vizcarra y sus sucesores del gobierno morado habían sido completamente incapaces de implementar las medidas que debieron haber implementado para luchar contra la primera ola. Cuando esta segunda ola improbable para muchos llegó, los mismos problemas exactamente se repitieron como una película de terror que acabábamos de terminar de vivir: la falta de oxígeno, las familias desesperadas por camas UCI, las cifras de contagio y hospitalización y muerte disparándose y, finalmente, la salud mental de los peruanos atravesando por uno de sus momentos más duros.

A todo lo anterior habría que sumarle que con la llegada de la segunda ola tendrían que haber llegado al Perú millones de vacunas -como han llegado a casi todos nuestros países vecinos- para inmunizar a nuestra población y poder resistir. Las vacunas, como en su momento el oxígeno, no llegaron. Se nos dijo que habíamos comprado una cantidad suficiente de vacunas que permitiría que las clases escolares se reactiven de manera semipresencial. No sucedió, y las tablets que Martín Vizcarra prometió desde marzo del año pasado siguen en proceso. Habrá una generación entera de niños que le deberá a Vizcarra y a Sagasti un hueco en la ya famélica educación secundaria pública que nuestros niños reciben. Mientras la tragedia sigue su curso, durante esta Semana Santa, han vuelto a morir nuestros compatriotas por decenas de miles. Casi 300 al día.

Como durante el año pasado, la bulla política -esta vez generada por estas grises elecciones- ha logrado que los peruanos perdamos mirada de lo importante para concentrarnos en lo urgente. Hay, sin embargo, preguntas que tarde o temprano todos los ministros de salud de esta temporada deberán responder frente a una Comisión de la Verdad o a una Comisión Investigadora del congreso. Nos parece inadmisible, por ejemplo, que el Sistema Nacional de Defunciones cuente la muerte de más de 120mil peruanos mientras que el Ministerio de Salud sigue publicando diariamente una cifra que no alcanza ni a la mitad de la primera. ¿Es que no hay conversación entre las entidades públicas? ¿Qué pasa con el señor Sagasti que no es capaz de lograr algo tan sencillo como homologar data que todos los peruanos merecemos conocer? Nos han llevado a normalizar la muerte.