OpiniónViernes, 9 de abril de 2021
El domingo nos haremos escuchar
Alejandra Benavides
Administradora y MBA por la Universidad de Berkeley

A dos días de las elecciones, hago unas reflexiones sobre el acontecer político, cómo los inicialmente “favoritos” se volvieron fantasmas desesperados por hacerse sentir y cómo la progresía se quedó sin cabeza. Muchos candidatos dieron por ciertas algunas premisas que hoy vemos no corresponden a la realidad en la que vivimos ni a lo que la mayoría de peruanos creemos y queremos para nuestro país. Por demasiado tiempo, la narrativa política y moral estuvo secuestrada por grupos de “inmaculados” – todavía quedan rezagos, que creyeron que el caos y la inestabilidad vivida en el último año jugarían a su favor.

Los “jóvenes del bicentenario” se equivocaron. Pensaron que ellos transmitían el “sentir del pueblo” y que su participación en las marchas los hacía héroes defensores de la patria. Pensaron que ellos representaban a todos los peruanos, cuando los peruanos ya habíamos elegido a nuestros representantes poco tiempo atrás. Las encuestas les han dado una dura paliza, pues quienes lideran las preferencias son los partidos que están en el actual “congreso de impresentables”, y son los candidatos más conservadores y tradicionales quienes van a la cabeza. Inclusive, Pedro Castillo, un candidato absolutamente anti-democrático – amenaza con cerrar el Tribunal Constitucional y un futuro congreso que no le sea favorable, está arrasando en el sur. Los jóvenes bicentenarios se han enterado de que el Perú no es Lima, y que ellos no representan a nadie más que a ellos mismos.

Hoy vivimos en democracia, en paz, en plena libertad económica y política, y eso no lo podemos arriesgar. La única alternativa para el desarrollo es la de construir sobre lo avanzado, aplicando la fórmula que sabemos que funciona y mejorarla.

Julio Guzmán, el candidato más entusiasmado con las marchas de noviembre, hoy es una simple anécdota, o, mejor dicho, un triste meme producido en una agencia de marketing. Su voz impostada, su sonrisa fría, y, sobretodo creerse el adalid de la moralidad, juzgando de “golpista” a quien no coincidiera con sus opiniones, lo hicieron un personaje tan antipático, que ni siquiera Guzmán votará por Guzmán. Su desprecio hacia los mortales pecadores, en vez de enaltecerlo, lo llevó al subsuelo, y luego, cuando se conoció que él también era pecador, perdió absoluta credibilidad. Muchos dirán que su baja popularidad se debe a que el Presidente es de su partido y por tanto está cargando con todos sus pasivos, sin embargo, hasta el nuevo vientre del lagarto Vizcarra goza de mayor simpatía.

El caso de George Forsyth es inclusive más trágico. Julio Guzmán nunca ha tenido nada que perder, pero George Forsyth sí tenía un cargo importante como Alcalde de La Victoria, al que renunció en un momento en que pudo haberse lucido. Las ambiciones de los clásicos caviares – Villarán style, encontraron la presa perfecta en un joven no muy iluminado intelectualmente, pero con carisma y reconocimiento popular por su carrera futbolística. Da la impresión de que los que rodean al simpático Yorch, lo están usando para sus propios intereses y, una vez que aseguren sus puestos en el congreso, ni le contestarán el teléfono.

Dos días en nuestra pintoresca política son eternos, y cualquier cosa puede suceder. Sin embargo, estamos en una situación crítica, con una izquierda radical ganando tracción - unos partidos más abiertamente radicales que otros, pero igual de peligrosos, están muy cerca de pasar a una segunda vuelta. Hoy vivimos en democracia, en paz, en plena libertad económica y política, y eso no lo podemos arriesgar. La única alternativa para el desarrollo es la de construir sobre lo avanzado, aplicando la fórmula que sabemos que funciona y mejorarla. Este es el momento de hacernos escuchar, ARRIBA PERÚ!