OpiniónViernes, 30 de abril de 2021
La importancia de quien relata la historia
Gonzalo Bussalleu
Analista Político

Hace 84 años, un 27 de abril murió Antonio Gramsci, filósofo, teórico marxista, político, sociólogo y periodista italiano. Él entendió al Estado, como un instrumento de dominación de los intereses del capital y de la clase dominante. A razón de esto, él desarrolló un concepto denominado “Hegemonía Cultural”, que explica que -la dominación- se logra por la existencia de una ideología dominante. Por esto él entendió que la única forma que el comunismo tenía para hacerse del poder, no es lo que hizo Marx; sino que era necesario infiltrarse en la sociedad, infiltrarse dentro de la iglesia, infiltrarse en la comunidad educativa, para lentamente ir transformando y ridiculizando las tradiciones que se han sostenido históricamente, a fin de ir destruyéndolas y formando la sociedad como la que ellos quieren (los comunistas). Estas acciones se logran mediante la acción concertada de los llamados “intelectuales orgánicos” insertados a todo nivel.

¿Hay espacio para la esperanza? Sí, pero es labor de todos. No están lejos ni el Perú de los 70 del siglo pasado, con sus empresas estatales y corrupción, ni el terrorismo que asoló nuestro país hasta los 90. Están las familias que deben su bienestar, mayor o menor, a su trabajo y a pesar del Estado.

La izquierda, a nivel internacional, destruida la utopía soviética y china (que ha llevado al Parlamento Europeo a condenar el comunismo y el nazismo, a igual nivel) concentró todos sus esfuerzos en adueñarse del relato y de los términos, de contar la historia. La centroderecha, en los distintos países, caído el Muro de Berlín, compró la teoría del “fin de la historia” de Fukuyama y consideró que no había que dar la batalla de las ideas, que en la sociedad ya no cabían ideologías; optando por hacer “concesiones” que estimó en ese momento sin importancia.

En el Perú, derrotado el terrorismo, con un mercado abierto después de las reformas de los años 90 al 93 del siglo pasado, lo cual trajo inversión a largo plazo que se reflejó en una mayor producción de productos exportadores, el Estado, a nivel estatal y regional descuidó su labor de dar seguridad, salud, educación e infraestructura. Se gritó a los 4 vientos que estábamos casi en la OCDE, que éramos un tigre, se gastó en proyectos faraónicos y se cayó en la corrupción más abyecta, tanto la de la coima directa como la “coima blanca”, vía consultoría e informes.

Y no es de extrañar que, en ese escenario, de gentes dedicadas a buscar construir en paz su futuro y en el Estado a la corrupción, que la izquierda hiciera bien su trabajo y logrará sus objetivos.

En efecto, con ejemplos tan descomunales como es el de Venezuela, con el ejemplo del desastre de corrupción e ineficiencia en nuestra historia durante el Gobierno Militar, con la palpable realidad de un Estado actual corrupto, muchos jóvenes y compatriotas apoyan una alternativa comunista y estatista.

¿Cómo es posible que un candidato de la izquierda radical, con serios cuestionamientos por sus relaciones con grupos vinculados al terrorismo y con un discurso que busca instaurar en nuestro país un sistema comunista, pueda obtener una adhesión importante de los electores y no ser una alternativa marginal?

Porque la centroderecha abandonó la lucha de las ideas; Porque el Estado permitió la apología del comunismo y del terrorismo, incumpliendo su deber básico (otro incumplimiento más) de proteger a las víctimas; Porque se permitió que se tergiversaran los hechos, ya no es terrorismo, es conflicto interno, ya no es necesario que los delincuentes pidan perdón, todos debemos reconciliarnos, ya no hay delincuentes, fueron luchadores sociales.

Y permitir que, además, el control de la educación lo tenga una izquierda activista a todo nivel, lleva a que el relato sea hegemónico. El cuestionamiento a las creencias religiosas en busca de transformarlas o ridiculizarlas está a cargo de grupos afines de las izquierdas en su modo “progresista”. A muchos niveles tenemos diferentes colectivos que están minando la sociedad, buscando crear confrontaciones (mujeres oprimidas contra hombres, supresión de la masculinidad que se considera per se cómo mala, Lima rica e indiferente frente a Regiones pobres y olvidadas), desterrar la idea de que la gente, contra el Estado, está progresando económicamente, por la idea que existe una clase rica corrupta dueña del Estado contra gente pobre olvidada, que debe hacerse con el mando de un Estado fuerte y omnímodo, que solucionará toda esa injusticia, a través de los únicos representantes del Pueblo.

Y lo último es lo más importante. Existe un único representante del Pueblo; Son ellos. Y manejarán el Estado para que solucione las injusticias (donde las definiciones, la historia, las injusticias y las soluciones ya están instalados en el pensamiento de las gentes) y castigue a los malos.

¿Hay espacio para la esperanza? Sí, pero es labor de todos. No están lejos ni el Perú de los 70 del siglo pasado, con sus empresas estatales y corrupción, ni el terrorismo que asoló nuestro país hasta los 90. Están las familias que deben su bienestar, mayor o menor, a su trabajo y a pesar del Estado. Y estamos nosotros que debemos asumir un rol activo de control a los políticos y de exigir que, en la agenda pública, se priorice la seguridad, la salud, la educación e infraestructura (en especial, la de acceso a internet) para todos los peruanos; con indicadores claros y tangibles. Porque eso, Oportunidades para todos en Libertad, es innegociable. Es la hora de la lucha de las Ideas y del Relato. Que no te roben la Historia. Porque tu memoria eres Tú.