OpiniónDomingo, 2 de mayo de 2021
Caviares y caviaras
Vanya Thais
Periodista

Lo que hemos visto ayer en el debate en Chota es un ejemplo, casi para clase, de lo que significa acoso político. Las pifias e insultos opacaban las firmes primeras palabras de Keiko Fujimori, que ganó por goleada de visita. Esto me hizo reflexionar sobre las reales contradicciones de la izquierda progresista del Perú, que ahora ha teñido de rojo su camiseta solo por no perder la base de su discurso: el odio al apellido Fujimori.

Esto hace que su feminismo muestre su límite a todo el Perú: acaba donde empieza la oposición. Si la afectada es una periodista de izquierda, salen con bombos y platillos a denunciar y condenar a los misóginos que atentan contra ella porque “es cargamontón contra una mujer”. Sin embargo, cuando un misógino a todas luces convoca a una turba a gritar insultos y calificativos de la peor calaña a una candidata presidencial, acaba su “sororidad”. No veo a Flora Tristán y Manuela Ramos emitiendo comunicados por el comportamiento deplorable del público en el debate… Deben estar redactándolo, démosle algunas horas más. Después de todo, esta candidata podría ser la primera Presidenta del Perú y de paso, la Presidenta del Bicentenario. Marcaría un hito en la historia, definitivamente.

Solo para recordar algunas declaraciones, un candidato del partido de Castillo dijo que los homosexuales no son personas sanas ni normales. ¿Dónde queda el discurso de “amor es amor” que ha manejado Juntos por el Perú y sobre todo, Nuevo Perú todo este tiempo?

Siempre he sostenido que la izquierda radical de Cerrón-Castillo me inspira mucho más respeto que la de Mendoza y Nuevo Perú, porque ellos son realmente honestos sobre lo que pretenden implantar en el Perú (discurso que trataron de moderar pero volvió a salir a flote en el debate). Si bien el cambio que proponen nos devolvería unos 50 años al pasado, creen firmemente que el comunismo marxista, leninista es el camino y tienen una agenda internacional que cumplir: mar para Bolivia, injerencia China en todo rubro en el Perú, contribución a la Patria Grande, etc.

Esto ha hecho que los caviares y caviaras se dividan. Están aquellos que saben que un totalitarismo comunista sería nefasto para la Nación y que hasta para odiar a Keiko, se debe tener la libertad que este régimen destruiría (tanto es así que el mismo colectivo No A Keiko cuestiona las declaraciones de Castillo), así que cuando estén solos en la urna, marcarán la K y lo negarán el resto de su vida. Sin embargo, los abanderados de la tolerancia e inclusión social (sobre todo las mujeres) ahora hacen público su apoyo al partido del Lápiz, traicionando a su electorado más significativo.

Solo para recordar algunas declaraciones, un candidato del partido de Castillo dijo que los homosexuales no son personas sanas ni normales. ¿Dónde queda el discurso de “amor es amor” que ha manejado Juntos por el Perú y sobre todo, Nuevo Perú todo este tiempo? He ahí las candidatas “feministas y pro LGTB+”, recordándole al Perú que solo han usado vilmente a esos colectivos para lograr votos, pero que al final, el radicalismo pesa más en su corazón. Todo el lloriqueo por “terruqueo” fue una patraña, una victimización para generar empatía y lástima, pero que finalmente se evidencia en su apoyo a un partido que lleva en sus filas a militantes del MOVADEF.

¿Cómo explicarán eso a la gente que les confió su voto? Sobre todo porque muchas de ellas son caviaras de la más alta estirpe, de aquellas que modelan prendas costosas en el imperio yankee que tanto critican, que se atienden en la clínica más cara de Miraflores, que coordinan su revolución desde un Starbucks y critican al neoliberalismo desde Twitter en el último modelo de iPhone que ha sacado la transnacional (maquiavélica, mala, sanguinaria) Apple.

Su hipocresía ha sido condenada al olvido con el voto popular, porque ya probamos su desempeño en esta pandemia y nos han demostrado su ineficiencia pidiendo nuevas masculinidades, aborto y ley de identidad de género mientras los peruanos agonizan rogando a gritos oxígeno, camas UCI y vacunas para poder reactivar la economía. Su izquierda parásita y posera tiene los días contados.

Los caviares y caviaras han quedado en evidencia y han sido los grandes perdedores de esta elección.