OpiniónDomingo, 2 de mayo de 2021
Repartir el canon
Fernando Rospigliosi
Analista Político

Una propuesta novedosa que hizo Keiko Fujimori en el debate de Chota, fue la de repartir el 40% del canon directamente a los pobladores. Es una alternativa interesante a lo que ocurre ahora, que es un fracaso sin atenuantes.

El canon -50% de las utilidades de las empresas mineras, de hidrocarburos, etc.- se distribuye en las regiones a los municipios provinciales y distritales, gobiernos regionales y universidades estatales de acuerdo a proporciones prefijadas.

La idea original era sencilla: como se sabía que la presencia de las grandes empresas que explotan los recursos naturales, por lo general en regiones muy pobres, era cuestionada por los habitantes de esos lugares, se trataba de que ellos se beneficien directamente del resultado de esas empresas. Así, mientras más ganaran, más beneficios a la población. Y todos contentos. En teoría.

El resultado del establecimiento del canon y del proceso de descentralización iniciado el 2002 ha sido un fracaso.

En muchos lugares hay un círculo vicioso de incapacidad y corrupción. Si solo fuera falta de capacidad de gestión, las empresas o el gobierno central podrían ayudar a mejorar esa capacidad. Pero hay casos en que simplemente no quieren esa ayuda.

Los gobiernos regionales y municipales han recibido miles y miles de millones de soles durante las últimas décadas y la consecuencia ha sido que esas localidades no han sentido los beneficios de esa inmensa cantidad de recursos que han ingresado a sus arcas.

La primera razón del fracaso es la obvia incapacidad de gestión de esos gobiernos. La segunda es la corrupción generalizada.

Hace varios años un reputado profesional me contó una anécdota que grafica esa mezcla de incapacidad y corrupción. Una gran empresa minera contrató a su compañía consultora para ayudar al gobernador de Ancash, César Álvarez, a diseñar proyectos de desarrollo para su región, de tal manera que los inmensos recursos que recibía se pudieran canalizar hacia obras que beneficiaran a la población.

Ante la evidente ineptitud del gobernador y su gente, la minera, interesada en que el canon fuera visto por la gente como un beneficio real, le ofrecía, sin costo, un excelente equipo técnico para suplir esa deficiencia y posibilitarle dar un uso racional a la inmensa cantidad de dinero que recibía cada año.

El profesional en mención tuvo que esperar horas en la antesala de Álvarez, que salió de su despacho desaliñado en compañía de unas simpáticas señoritas. Por supuesto, la reunión con el gobernador fue un fracaso. No estaba interesado en recibir ayuda para mejorar la gestión.

Ahora ya se sabe por qué. Su único interés era robar los recursos del canon, amañando licitaciones y desfalcando las arcas regionales.

Es decir, en muchos lugares hay un círculo vicioso de incapacidad y corrupción. Si solo fuera falta de capacidad de gestión, las empresas o el gobierno central podrían ayudar a mejorar esa capacidad. Pero hay casos en que simplemente no quieren esa ayuda.

Por eso, la alternativa de repartir parte del canon directamente a los pobladores es una posibilidad interesante, que Aldo Mariátegui viene proponiendo hace tiempo. Por supuesto, tiene sus complicaciones en un país informal como el Perú. Pero es una opción seguramente mejor que el fracasado sistema actual.