OpiniónSábado, 5 de junio de 2021
El Perú orwelliano con el que sueña Pedro Castillo
Aaron Salomón
Periodista

El debate presidencial en Arequipa del último domingo dejó absolutamente claro que, de llegar a la presidencia Pedro Castillo, el Estado se meterá hasta dentro de tus sábanas. “El Estado debe controlar a la población y al mercado”, exclamó -sin chistar- Castillo en la polémica que sostuvo con Keiko Fujimori. Que el Estado maneje al pueblo significa que decidirá por cada uno de nosotros desde qué podremos estudiar hasta qué tendremos que vestir o, incluso, con quién nos corresponderá casarnos; es decir, se entrometerá en el proyecto de vida personal de cada uno. Que el Estado opere al mercado representa la imposición, por ejemplo, de los productos que alcanzaremos consumir. Como el “profesor” chotano ya adelantó que prohibirá las importaciones de lo que el Perú produce, pues solo accederemos a productos nacionales, que serán escasos, costosos y de bajísima calidad porque no habrá competencia, y habrá que ir diciéndole adiós a las empresas trasnacionales que tanto empleo vienen generando. En simple, lo que pretende Pedro Castillo, siguiendo a pie juntillas el ideario que le ha dictado el corrupto castrochavista Vladimir Cerrón, es una sociedad como la que describe George Orwell en su novela apocalíptica ‘1984’. Una Corea del Norte, para mayor entendimiento.

En cuanto a la estrategia para atajar la pandemia, Castillo, al ser consultado por Fujimori Higuchi por cómo haría para vacunar a todos los peruanos hasta alcanzar la tan ansiada inmunidad, respondió que con la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Investigación. Lo que dejó entrever el candidato presidencial de Perú Libre es que apostará por la creación de una vacuna peruana anticovid, cuando ello, a pesar de todos los esfuerzos que pueda realizar el equipo de Manolo Fernández, es una utopía pues no tenemos la logística necesaria para producir los sueros a gran escala. Así, la única salida que encontrará Pedro Castillo será recibir sobras de antídotos rusos (¡y cubanos que ni existen!). Porque, a estas alturas, está clarísimo que le hace ascos a todo lo que viene de Estados Unidos como las vacunas de Pfizer.

Sobre el turismo, además, Castillo aseveró que esta actividad debería ser sin fines de lucro y que era inaudito el “alto” costo de los pasajes en avión en rutas nacionales. Ya podemos ir imaginando, en concordancia con lo que se mencionó al inicio de esta columna lo que ocurrirá. Pedro Castillo, de conseguir sentarse en el sillón de Pizarro, creará una aerolínea nacional estatal que nacerá quebrada y ofrecerá un pésimo servicio. Viajar se convertirá en una agonía para los peruanos que no puedan fugar y tengan que quedarse a vivir bajo la satrapía del lápiz.

De triunfar Castillo frente a Keiko Fujimori este domingo, no podemos quejarnos después de que no sabíamos lo que se venía. Afortunadamente, Pedro Castillo ha sido diáfano en sus propuestas: disolverá el Congreso, el Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo y las AFP. En la soledad del ánfora, escogeremos entre la libertad o el sometimiento a una dictadura que solo traerá hambre y la separación de las familias. Yo voto por la democracia y, por eso, marcaré sin ningún recelo por Fuerza Popular. ¡Viva el Perú!