OpiniónSábado, 5 de junio de 2021
Mea Culpa
Flavia Badani. Analista Política

Escucho a Nicolás Lúcar admitir -desde la complaciente y hasta este momento me parecía pro Pedro Castillo radio Exitosa- que los medios informativos se han utilizado para difamar y destruir reputaciones.

Nadie más perseguido que Keiko Fujimori. Con nuestra venia y paciencia. Su mayor “delito”: ser hija de Alberto Fujimori, el artífice del desmantelamiento de Sendero Luminoso, a quien esas huestes diseminadas y desarticuladas odiarán por siempre.

Cinco años tarde, sabemos que inventaron que Keiko había entregado $15MM a Joaquin Ramírez para “lavado”. Calumnia que posiblemente le costó la elección. Todo indica que le tocaba. Una vergüenza para America TV prestarse a esa trampa.

20 años más tarde se sigue cantaleteando con las esterilizaciones forzadas y responsabilizando a Keiko de acciones ejecutadas durante el gobierno del padre, sobre las que ella no tenia ningún control ni peso en la decisión, y que además se sabe bien luego de exhaustivas investigaciones, que no fue política de Estado, que fueron casos aislados.

61 mujeres de 272,028 denunciaron haber sido intervenidas sin su “consentimiento informado”, 30 de las cuáles fueron intervenidas cuando gobernaba Alejandro Toledo, periodo durante el que se realizó la mayor cantidad de esterilizaciones. En total hubo 5’977,032 intervenciones (ligaduras de trompas, dispositivos intrauterinos, pastillas anticonceptivas y similares), la mayor parte en el gobierno de Toledo.

Aun así, no puede afirmarse que fue política de Estado.

El calificativo de corrupta, chillado sin pausa contra Keiko porque aceptó aportes de campaña diversos, Odebrecht incluido, también es falaz.

La financiación de las campañas no estaba reglamentada como ahora y todavía no conocíamos de los contubernios de la corporación brasileña.

Todos permitimos que cincelen en nuestras mentes y el imaginario colectivo, todas esas calumnias sobre Keiko. Nos acomodamos a dejar pasar el adjetivo injusto, la media verdad, la mentira.

No entramos a la batalla de desmentir, de aclarar, de repetir cuantas veces fuera necesario, cual era la verdad. Temas “incómodos”.

La derecha peruana, siempre cómoda. Apoltronada. No pelea por sus ideales. Aporta a todas las campañas. No se atreve a negar al adversario su pequeña cuota, no vaya a ser que salga. Vamos a estar bien -con Dios y con el diablo.

Nos avergonzamos de ser “capitalistas”. Lo políticamente correcto, lo “progre” es ser de izquierda. El afán de lucro es mal visto. Se castiga con el desprecio y la envidia. Se ha instalado la percepción acomplejada de una supuesta superioridad de la izquierda.

Los de la derecha están muy ocupados en crear valor, en hacer empresa, en trabajar sin parar, y obvio que buscan rentabilidad para ellos y sus familias (no tendría sentido el esfuerzo sin el beneficio) y en ese empeño dan trabajo, pagan salarios, contribuyen a la sociedad y al Estado, producen bienes y servicios que todos necesitamos y compramos.

La izquierda siempre ha jugado fuera de la cancha. Desde el escritorio, participando en el campo “intelectual”, redactando tediosos y larguísimos informes teóricos, inevitablemente gaseosos, repletos de recomendaciones que no han funcionado en ninguna parte del mundo, imposibles de llevar a la práctica, juzgando desde su tribuna de espectador pasivo ocioso, al que produce y progresa.

Pura envidia. Puro complejo. Puro resentimiento. Yo no conozco un solo abanderado izquierdista que trabaje de verdad. La actividad productiva les es ajena. Lo suyo es el onanismo intelectual e incluso éste, tiene fines de lucro. Cobran bien por el producto de sus impracticables elucubraciones etéreas.

Produzcan algo.

Pero lo hemos permitido. Y hasta nos hemos camuflado en el perfil bajo de quien se avergüenza de haber triunfado, de tener holgura.

Es un hecho que luego de 30 años de crecimiento sostenido, es imperdonable que no haya servicios básicos decentes hasta en el último confín del país.

Se entiende de donde proviene el reclamo de un pueblo desatendido.

Es imperativo y de la mayor urgencia corregir eso e incorporar a todos a insertarse en el sistema.

Mas vale que eso se haga de manera tangible y sensible durante este quinquenio porque el comprensible malestar ya no tiene tolerancia y se incendia la pradera con la menor provocación.

De eso ha sacado provecho el improvisado y tan elemental candidato del lápiz. Y la verdad es que nosotros hemos estado mirando hacia otro lado, confiados en que mientras trabajábamos y dábamos trabajo y pagábamos nuestros impuestos, el Estado hacía su parte.

No tenemos instalada la función “vigilante” del ciudadano. Eso debe cambiar. Tenemos que exigir al gobierno de turno que brinde los servicios que hacen falta, interesarnos por el bienestar del prójimo, exigir que se les compense por tanto olvido.

La mayor responsabilidad recae irreductible sobre un Estado ineficiente, incapaz de gestión alguna, y corrupto (los gobiernos regionales millonarios son prueba contundente) que no ha abordado las carencias de las mayorías.

El Estado, con clara inclinación hacia la izquierda desde Paniagua hasta la fecha, ha estado ausente. Ausente, cómodo y conchudo. No se ha atrevido a comerse ningún pleito. Se ha empoderado a la calle, la marcha popular nos ha paralizado y logrado cambiar decisiones a pedradas y tomas de carreteras.

Eso también tiene que cambiar. No se gobierna para el rating. Se debe hacer cumplir las leyes e imponer orden.

Ahora nos jugamos la vida. No hemos sabido defender la verdad.Nos gustara o no Keiko, tendríamos que haber protegido la verdad y censurado la difamación sistemática de que fue objeto.

A fuerza de repetir calumnias, hay muchos que incluso habiendo vivido los hechos, terminaron creyendo las mentiras.

La cantidad de jóvenes que repiten como grabadoras esas mentiras y creen firmemente que Keiko es el monstruo del que hay que librarse a cualquier precio, nos pasa factura ahora que tenemos escasos días para desmentir nada.

Nuestra indiferencia a la destrucción mediática tiene una inmensa cuota de responsabilidad en la demonización del Fujimorismo.

Cierto que su obstruccionismo miope durante este quinquenio fue fatal y contribuyó a acrecentar el mito de que su participación en política era indeseable pero ya pidió perdón en todos los tonos, modos y foros.

Nada nos devuelve el tiempo perdido pero hay que movernos hacia adelante. Todos nos hemos equivocado.

Ella muy visiblemente y sin mucho carisma que amortigüe sus errores pero es hoy nuestra única opción de país viable.

Defiende lo más preciado que tenemos: nuestra libertad.El comunismo es un sistema probadamente fracasado en el mundo entero.

Aprendamos la lección. Ojalá gane Keiko y podamos enmendar el rumbo.

Agradezco a Keiko Fujimori por seguir en esta contienda llena de golpes bajos y amenazas, con todas las fuerzas del Estado jugando soterradamente en su contra, y con un grupo de adversarios violentos y agresivos.

Es valiente y aguerrida. Será su destino liberarnos del comunismo.

Una curiosa sincronía que fuera su padre quien nos liberó la primera vez y ahora le corresponda a ella, librarnos del apetito chavista.