OpiniónLunes, 7 de junio de 2021
No lo merecen
Vanya Thais
Periodista

Algunos no hemos dormido pensando en los números, temiendo un fraude y aguantando las lágrimas. Pensamos en los adultos mayores que, en aras de defender la democracia, han acudido contra todo a votar y preservar el país que han visto crecer en paz para sus familias. ¿Se imaginan el pesar que sienten en este momento? No lo merecen. Son una generación que vivió tiempos duros y se hizo de hierro. Vieron pasar el abuso, la hiperinflación, la paz y ahora, la degeneración que naturalizó la lucha de clases. Las épocas difíciles hacen hombres fuertes, los de paz, débiles.

Pero ese sólido 30% de ausentismo en el Nivel Socioeconómico AB, nos desmotiva. ¿No hay nada que los haga sangrar? Los pincha la realidad, la amenaza del comunismo que va a quitarles todo lo que han trabajado y adquirido; y no sangran. ¿Qué los hace sangrar? ¿Cuándo se van a dar cuenta que este país no es solo un espacio para enriquecerse? ¿Cuándo dejarán de mirarse el ombligo y empezarán a pensar en el prójimo? Debería darles vergüenza. Quieren un gobierno con libertad y democracia para seguir creando riqueza, pero votan con rencor y venganza copiada de alguna red social con mucha popularidad. Su falsa dignidad de instagram ha podido hundirnos, cuando sus votos eran cruciales para que el resto de peruanos pueda desarrollarse a plenitud. Si llegamos a tener un gobierno libre y democrático al final del conteo, no lo merecen.

Estamos ante un posible gobierno marxista, leninista y maoísta porque la gente está harta de la demagogia y necesita un cambio estructural, donde se les incluya al sistema en vez de sentir que este tiene la consigna de expectorar a los más desafortunados.

El empresariado irresponsable que se puso de pie en noviembre y le quitó el financiamiento a la poca prensa libre que quedaba en el país, debería sentir parte de la responsabilidad de que una propuesta de izquierda radical como Perú Libre haya pasado a segunda vuelta y esté sintiendo la dulzura de la miel del poder que tanto codicia. Reforzaron el mensaje con tanta “empatía”, que le hicieron creer a la calle que tenía poder en sí misma, que no importan las leyes y que con manifestaciones se hará siempre su dichosa voluntad. Si logramos vivir en un gobierno que respete el orden democrático, no lo merecen.

Ojalá la prensa que ha vivido de la propaganda, de las medias verdades, del miedo de la sociedad, de la agitación de masas y de las millonarias consultorías, se sienta feliz. Ha dado fruto este tiempo de adoctrinamiento, en que se ha perseguido con ahínco a la única candidata que, paradójicamente, podría ser la salvadora de la democracia en el Perú. Ha servido darle pantalla a candidatos de izquierda “moderada”, aún cuando ya habían perdido la elección a todas luces, e incluso después de eso. Si tenemos un gobierno que respete a la prensa y la libertad de expresión, no lo merecen.

Es válido pensar que las Iglesias que suscribieron aquella infame Proclama Ciudadana, poniendo a la Sra. Fujimori al nivel de Pedro Castillo, asumiendo que este último iba a cumplir la promesa de respetar la libertad de credo a pesar de su ideología maoísta, sienten parte de esta amarga culpa. Sería lógico que aquellos sacerdotes y obispos “católicos” que vienen desconociendo el documento que hizo la Conferencia Episcopal en 1962 (condenando al comunismo genocida), hayan tenido insomnio esta noche, así como todos aquellos que siguen fungiendo de autoridad eclesiástica, dando ejemplo de odio, rencor e ideología marxista. Si tenemos un gobierno con libertad de credo y respeto de las decisiones individuales, no lo merecen.

Finalmente, es de suponer que la clase política se está golpeando el pecho. Es culpa suya que los peruanos no se sientan identificados con una opción, que un candidato haya pasado a segunda vuelta con menos de 25% y que haya más un millón de votos blancos y nulos. Estamos ante un posible gobierno marxista, leninista y maoísta porque la gente está harta de la demagogia y necesita un cambio estructural, donde se les incluya al sistema en vez de sentir que este tiene la consigna de expectorar a los más desafortunados. Si tenemos un gobierno justo, con respeto a las instituciones y transparencia para la población, no lo merecen. Sea cual sea el resultado, hay que reflexionar respecto a lo que debemos cambiar personalmente y como sociedad. Pequeños cambios podrían dar grandes resultados.