OpiniónJueves, 10 de junio de 2021
Yo también le contaré a mis hijos
Gabriel Rey
Analista Político

Yo también le contaré a mis hijos. A los que Dios me dé. A mis nietos y sobrinos. Espero poder contarles sobre lo que este país ha sufrido. Y les repetiré todas aquellas canalladas y artimañas que un gran grupo de repugnantes acomodados han hecho en perjuicio del Perú. Porque sí, en un futuro, que espero sea más cercano que lejano, los caviares desaparecerán de la figura. Desaparecerán del primer plano que por años han gozado. Porque este país se va a levantar y esos parásitos no tendrán mayor cabida. Serán ellos los que huyan del Perú, no nosotros.

Pero volverán. Cómo oscuras golondrinas, volverán. Como el perro, pero no arrepentidos, volverán. Porque la cantaleta repetida por décadas en países que años luz de progreso económico, social y cultural nos llevan, se va a repetir aquí. La izquierda -sobre todo la camuflada, caviar y “progre”- vive de eso. Idas y vueltas. Entonces, volverán. Y es entonces donde tendremos que mostrar la verdadera unión de nuestro país. Y cuando aparezcan de nuevo, mostrarles el cuchillo entre los dientes hasta que huyan otra vez.

Yo también les contaré a mis hijos como sufrimos el panorama actual. Y sin saber quien será el próximo presidente, sé que pase lo que pase, nos levantaremos. Porque nuestro país no está dispuesto a caer en la desgracia o el olvido. No está dispuesto a que le vean la cara de idiota. No está dispuesto a que se aprovechen de él.

El Perú tiene que crecer. Y va a crecer. Es por eso que esta secta acomodada se irá. Saldrán del mapa porque el peruano, cansado ya de tanto engaño promovido por aquel alienado ideal de la mamadera estatal, los expulsará. Porque vendrá un tiempo donde cada ciudadano vivirá con orgullo del producto de su trabajo. Sin que le tengan que regalar nada y sin tener a nadie jorobándole la paciencia con burocracia o imposición.

Lo he dicho antes y lo repito hoy: vivimos en un país de trabajadores. De luchadores. No muchos pueden vanagloriarse de eso. Vivimos en una tierra de gente que se desgarra día a día por su propio bienestar. No necesitamos un Estado de Bienestar, aunque nos lo quieran hacer creer y luego imponer. Es justamente por eso que esos insectos desaparecerán. Como la lepra, serán el repudio de la sociedad. Como la serpiente, la infamia en el paraíso. Tanto habrán gozado del trabajo y del esfuerzo de los demás, que terminarán arrastrándose y buscando otro “paraíso caviar” donde impregnar su convenido estilo de vida. Difundiendo en la gente ideales infértiles y trasnochados solamente para luego obtener su beneficio.

Yo también les contaré a mis hijos como sufrimos el panorama actual. Y sin saber quien será el próximo presidente, sé que pase lo que pase, nos levantaremos. Porque nuestro país no está dispuesto a caer en la desgracia o el olvido. No está dispuesto a que le vean la cara de idiota. No está dispuesto a que se aprovechen de él. Pase lo que pase y, sin el peor de los casos llegamos a vivir bajo un régimen comunista, hoy no me entra duda alguna de que sabremos vencerlo. De una forma u otra, pero sabremos librarnos de él.

Aun así, rezo y lucho. Rezaré y lucharé siempre. Porque nunca más vivamos oprimidos. Porque ni por largo o corto tiempo, arrastremos cadena alguna. Porque seamos libres. Y lo seamos siempre. Gobierne quien gobierne. Porque sea nuestra bandera la que siempre flamee en lo alto y nos recuerde nuestro esfuerzo. Yo también le contaré a mis hijos de que quisieron robarse el Perú, y con esfuerzo los vencimos. Esfuerzo de personas libres, luchando por ser libres.