OpiniónMiércoles, 7 de julio de 2021
Todo quieren los caviares
Raúl Labarthe
Analista e investigador económico

La caviarada no está dispuesta a perder un solo espacio de poder. Nunca. Ese es un síntoma más de lo que algunos vamos descubriendo con temor: que no somos más una república democrática; somos a lo mucho una oligarquía corrupta. Y no como diría la vieja izquierda, una oligarquía de derecha manejada por los ricos terratenientes; sino una dirigida por funcionarios y mercantilistas que estuvieron con Vizcarra y que hoy, con tal de no ceder un milímetro de poder, buscarán maniatar a todas las instituciones que aún no controlen.

A mi juicio, nadie que busque someter al poder legislativo a las arbitrariedades de instituciones que no fueron electas por el pueblo, puede hacerse llamar demócrata. Los abogados que han presentado una demanda de amparo para señalar que el nombramiento debería de ser imparcial y que se “viola el debido proceso”, están buscando tergiversar la preferencia popular con leguleyadas. Del mismo modo con esta extraña medida cautelar que luego ha ameritado la propia OCMA de la Corte Suprema inicie una investigación preliminar contra la magistrada que lo presentó.

Para mí es cuestión de entenderlo de una vez. El nombramiento de los miembros del Tribunal Constitucional (TC) NO debe ser imparcial. Parte de la gimnasia política es elegir a magistrados que sean del corte ideológico que representa el congreso. La imparcialidad no existe. Esto se puede ver muy claro cuando los caviares hacen prensa a favor del ‘vizcarrismo’, pero cuando se hace prensa a favor de otras ideas, apelan tramposamente a la imparcialidad. Y es que sólo se le puede llamar de una manera a quien piensa que sólo se es imparcial cuando se opina como él: y es conchudo. Punto.

Calificar de ‘repartija’ al nombramiento político de los magistrados es propio de quienes no creen en una democracia representativa. O de quienes, en un acto de inmensa hipocresía, impiden a los contrarios los que ellos quieren hacer: influir políticamente en el tribunal. Con el agravante de que quienes lo hacen, no le han ganado a nadie democráticamente. Los caviares, buscan establecer “criterios objetivos”, para tener cierta ‘muñeca’ a la hora de poder influir en aquello a lo que no han sido invitados por las urnas. Esa es la realidad.

Yo no soy especialista en derecho constitucional, pero tengo sentido común y criterio político. En los Estados Unidos, no pretenden engañarse con apelaciones abstractas a la imparcialidad. La elección de los miembros de la Corte Suprema americana, el órgano judicial máximo de este país, se realiza por puro criterio político. Cuando se muere uno de los magistrados el presidente nombra literalmente a quien piense como él. ¿Me van a decir que estos “especialistas” de la PUCP saben más de institucionalidad que la democracia más longeva del mundo? Yo no lo creo.

Por eso, no existe mayor expresión de que vivimos en una oligarquía corrupta que la pateada de puerta al parlamento por parte de Salvador Del Solar —tío mío a mi pesar— impidiendo el legítimo derecho del congreso a ejercer su mayoría. ¿Y qué eligió el pueblo a inicios del 2020? Queda muy claro a estas alturas que elegimos un congreso contrario a Vizcarra, ya que lo terminó vacado. Por eso digo fuerte y claro: si no se deja al congreso renovar a los miembros del TC, la carga de la prueba de que no estamos en un gobierno de facto, estará en quienes lo impidan. Impedirlo sería (otro) golpe de estado.