EditorialViernes, 9 de julio de 2021
Memoria selectiva

Ayer por la tarde, a las 17 horas para mayores señas, el Lugar para la Memoria (LUM) iba a transmitir a través de sus plataformas digitales un documental llamado “1241”. Un trabajo fílmico dirigido por Ernesto Carlín y Hernán Hurtado y producido por el ex ministro Hernán Garrido Lecca -todos militantes apristas- con la finalidad de recordar la muerte y el dolor perpetrado por Sendero Luminoso en contra de 1241 militantes apristas cuyas vidas fueron interrumpidas por el solo hecho se ser militantes del partido de Haya de la Torre, o autoridades.

Inicialmente, los realizadores tenían pensado hacer un evento en donde los deudos de algunas de las víctimas puedan asistir para, de alguna forma angosta y lejana, rendirle homenaje a sus familiares que, décadas después son -sin duda- todavía extrañados llorados por quienes aquí dejaron; no obstante, el LUM explico que el evento podría ser un vector de contagio para el Covid-19 y retrucó que mejor sería llevar a cabo el evento de manera digital a través de la emisión del documental vía el digital del LUM y su difusión en redes sociales.

Nada de esto sucedió. A pesar de que el evento estaba ya en agenda y se había anunciado en redes, los organizadores y realizadores de la obra recibieron una comunicación en la que se les informaba que el LUM no transmitiría el documental debido a que la conexión a internet no era lo suficientemente potente; vaya excusa. Así y sin mayores explicaciones el lugar que debiera ser el receptáculo de la memoria de todas las víctimas de los años del terror no pudo emitir un documental que habla de la tragedia vivida por más 1241 familias.

Desde El Reporte condenamos la selectividad de la memoria y el constante esfuerzo de un sector del espectro político por monopolizar la narrativa de lo sucedido y convertir la Historia en una entelequia quieta de la que solo pueden hablar los magistrados de la moral. Conductas como esa atentan con el fin mismo para el cuál el museo fue erigido: que el LUM sea un Crisol de todos los dolores que el Perú hoy lleva ya en calidad de cicatrices bajo una máxima única: para que no se repita. La política, tristemente, ha hecho de la memoria -también- una arena de batalla. Qué vergüenza.