OpiniónDomingo, 11 de julio de 2021
El escurridizo presente
Juan Carlos Rios Toce
Director del Centro de Innovación de Políticas Públicas (CIPP), Director de Aurea – Psicólogo y psicoterapeuta.

Llevamos casi año y medio en una situación muy complicada para todos. No sólo desde el punto de vista de la pandemia y del riesgo y miedo que ha implicado este tiempo por el virus del Covid-19, sino también por el dolor que ha implicado para muchísimas familias el tener que lidiar con la enfermedad propia o de algún familiar o amigo y, en los casos más difíciles, con pérdidas irreparables y dolorosas. A eso sumémosle la situación económica para muchas personas que han sufrido el recorte de sus ingresos y, en algunos casos, la pérdida del empleo o del negocio que pusieron con esfuerzo. Por si fuera poco, atravesamos una crisis política y un panorama incierto en nuestro país, entre otros factores difíciles.

Estos son ingredientes muy potentes para favorecer, en nuestras vidas, un estado de estrés, de preocupación y de tensión en general, que puede ir derivando en un sentirnos mal e ir promoviendo estados de ansiedad y dificultades en el estado de ánimo.

Por otro lado, la ansiedad lleva, a su vez, a tener un pensamiento negativo, rumiante o preocupado. Y esto porque la ansiedad genera un mecanismo de protección, donde nuestra mente, ante la sensación de un peligro, tiende a centrarse en las cosas negativas, para anticiparse a dicho peligro, protegerse y sentirse más seguro. El problema es que esta dinámica, cuando es muy persistente y continua, nos va haciendo daño y desgastando, a nivel psicológico y emocional.

Uno de los temas que ayuda, para evitar esta preocupación excesiva o anticipación negativa a las cosas, es tratar de centrarnos más en el presente, en tratar de vivir nuestro día a día con más plenitud, y evitar estar mirando o pensando los peligros que pueden venir adelante o las preocupaciones sobre aquellas situaciones que no podemos controlar. Se trata de centrarnos más en el presente, en vivir plenamente el hoy y disfrutar y agradecer las cosas buenas y bonitas que tiene la vida, empezando por la vida misma. Eso no implica, para nada, negar las cosas negativas o no afrontar el sufrimiento, o desconectarse del futuro para no mirar la realidad, por el contrario, se trata de vivir de manera sincera, plena y consciente el hoy, para, de esa manera desplegarnos mejor y estar también más preparados para el futuro.

Hay una serie de propuestas y herramientas que nos pueden ayudar a vivir de una manera más presente, más consciente y más productiva, quitando espacio a la tensión y preocupaciones excesivas, que van drenando nuestra energía y que nos quitan la motivación o las ganas de hacer las cosas. Tratemos de reflexionar en cómo puedo aprovechar más mi día a día, sin importar las circunstancias en las que me encuentre, sino tratando de ver el vaso medio lleno, de enfocarnos en lo que sí puedo realizar por estar mejor y avanzar, manejando mejor, en la medida de lo posible, las preocupaciones excesivas que no suman a mi vida.