EditorialMartes, 20 de julio de 2021
Un callejón sin salida

Es entendible que con el triunfo de Pedro Castillo tendamos a considerar que esta es una victoria monolítica de la izquierda marxista-leninista. Los indicios no son menores: vínculos con el Movadef -organismo fachada de Sendero Luminoso-, condenados por terrorismo en su bancada del congreso, plan de gobierno marxista-leninista, y el apoyo ansioso de todos los sátrapas bolivarianos de la región. Sin embargo, creo que es necesario un análisis un poco más distanciado de la situación. Existen distintos bandos e intereses alrededor de Pedro Castillo y todo hace prever que estas pugnas protagonizarán en adelante los próximos escenarios políticos que se darán a partir del 28 de julio. Al interior de Perú Libre está más que claro que para su dueño y líder, Vladimir Cerrón, Pedro Castillo es un invitado que deberá someterse al proyecto trasnochado de su partido.

En contraste “el maestro” -ya como presidente- tiene todos los incentivos para querer aliarse a la cúpula caviar que intenta cercarlo y moderarlo. Dina Boluarte, vicepresidenta electa y más cercana a las bases del partido, será una ficha importante en el próximo quinquenio y será una fuente de amenazas de futuras vacancias, en caso Castillo se desvíe de llevar a cabo las medidas más extremas. Boluarte junto a la bancada de Perú Libre de 37 escaños, en su mayoría fieles a Cerrón, podrán ejercer una palanca de poder relevante con el objetivo de presionar a Castillo a no abandonar el objetivo de un cambio radical. De no mantener la fidelidad de sus bases el profesor podría terminar vacado quedando el país en manos posiblemente más peligrosas. No obstante, la realidad nos obliga a reconocer que, si el nuevo presidente no se alinea con la tecnocracia de izquierda progresista que lo tienta, el futuro del país podría ser catastrófico.

Por más que hoy Pedro Castillo dé la impresión de llegar a Palacio de Gobierno con un gran poder de su lado, los hechos deberían desdibujarnos esta imagen. Lo cierto es que su base de sustento de poder es sumamente frágil. Inicia en un partido que no es suyo y que le exige cambios fundamentales; sin embargo, un presidente no puede gobernar sólo, necesita de una tecnocracia que le permita mover los hilos o será visto como incapaz. Y pareciera que no puede obtener ambas cosas a la vez: si se ‘caviariza’ podría terminar vacado, y si se radicaliza los técnicos huirán y su gobierno será destructivo. Es el callejón sin salida que enfrentar el nuevo presidente del Perú en nuestro bicentenario. Lo responsable en el escenario actual es velar por la estabilidad y la moderación del próximo gobierno, y permitir consensos en el congreso que logren impedir que las fuerzas más radicales avancen hacia una Asamblea Constituyente.