OpiniónJueves, 22 de julio de 2021
Calma y unidad
Gabriel Rey
Analista Político

Tercer día desde que anunciaron a Castillo como presidente. ¿Ya se cayó el cielo? No. No va a pasar. Ante una catástrofe, la calma debe siempre prevalecer. De nada sirve desesperarse ni llorar sobre leche derramada. ¿El dólar ha subido mucho? Sí, y probablemente siga subiendo. ¿Millones de capitales ya fugaron? Sí, y quizás se sigan yendo otros. ¿Los precios están aumentando? Sí, y seguro habrá negocios que cierren. No obstante, nada de eso puede impedir que quienes de verdad queremos al país dejemos de luchar por él. Esto no puede dejarnos sentados como gallinas fecundas.

Muchos se irán. Peor aún si las cosas no muestran un horizonte esperanzador. Decisiones, sin duda, respetables. Este país que tantas canas saca a veces parece no tener remedio. Pero, al menos en mi opinión, la mejor forma de ver al Perú es como un familiar cercano. Cuando este cae en una enfermedad, por más grave que sea, uno se esfuerza para acompañarlo y poder sacarlo adelante. El panorama puede no ser adelantador, pero eso nunca impide que uno siga luchando.

Sin embargo, hay un partido que se tiene que luchar día a día y lo juegan todos los demás peruanos. La enfermedad puede llegar a extremos de mucha complicación, pero es ahí donde más empuje y unidad se requiere. Ya volverá a bajar el dólar. Ya volverá la inversión. Ya volverá el empleo y caerán los precios.

El Perú es ese familiar nuestro tan querido que hoy, después de meses de haber mostrado síntomas, tiene el diagnóstico de una enfermedad que podría llegar a ser mucho peor que el Covid-19. Es por eso que nos toca estar para él. Estar para animarlo. Para atenderlo. Para curarlo. Las familias unidas siempre llevan mejor contrariedades como las de salud. Por eso, más allá de que la enfermedad quiera separar a la familia, la fraternidad será siempre el mejor aliado.

Ya estarán los políticos para defender la democracia en el Congreso. Fiscalizarán ellos la labor de un Ejecutivo que puede ser desgarrador. Y puedo sonar ingenuo al creer que puede llegar a ser conciliador y busque, realmente, un cambio para todos los peruanos. Sin embargo, quien haya vivido de cerca una enfermedad complicada sabe que el optimismo siempre es la mejor opción.

Sin embargo, hay un partido que se tiene que luchar día a día y lo juegan todos los demás peruanos. La enfermedad puede llegar a extremos de mucha complicación, pero es ahí donde más empuje y unidad se requiere. Ya volverá a bajar el dólar. Ya volverá la inversión. Ya volverá el empleo y caerán los precios. ¿Cómo? Con el trabajo duro, sacrificado y constante de muchos peruanos (muchos otros serán siempre polizones que se beneficien del trabajo del otro). Si en el pasado se pudo superar situaciones peores, ¿por qué no se podría ahora? Para eso, calma y unidad.

Y, para terminar, si alguna recomendación puedo dar: dejemos de mirar al otro peruano como el enemigo. Dejemos de pensar solo en uno y pensemos, al menos un poco más, en el otro. Tratemos de dejar pasar al peatón o al otro carro en la intersección. Dar el pase al entrar a un lugar o evitar hablar mal del de al lado. Capaz que así mejoramos al menos un poco.