OpiniónJueves, 22 de julio de 2021
“Perú Libre” al poder y ¡que dios nos ayude!
Jadir Villar
Analista Político

La penúltima semana del mes de julio, como antesala a cumplirse el bicentenario de la independencia peruana, Keiko Fujimori asume su derrota y Pedro Castillo es proclamado presidente del Perú. No hubo fraude que se pueda acreditar más que una mera acusación basada en débiles indicios. Tampoco habrá indulto para Alberto Fujimori, al menos no en estos cinco años de gobierno de una izquierda pura y dura.

Contra todo pronóstico, Castillo se impuso en la primera vuelta. Al Fujimorismo se le volvió a renovar la confianza participando por tercera vez de un proceso electoral. Ambos candidatos representaban un rival fácil para cualquier otro candidato que hubiese competido en los comicios junto a uno de ellos, sin embargo, ambos males se enfrentaron.

Las opciones menos idóneas para representar a la derecha y la izquierda del Perú, polarizaron al país en medio impugnaciones, denuncias sin sentido y agresiones. No se podría hablar mucho de Keiko ya que durante estos últimos cinco años hemos sido testigos de la persecución fiscal que sufre por vínculos a Odebrecht y sus coimas. Castillo por otra parte era una especie de cuasi outsider del que no se sabía mucho. Poco a poco, se iban destapando escándalos sobre el líder de dicho partido Vladimir Cerrón, quien ahora, por obra y gracia de una “divinidad judicial”, está exento de responsabilidades penales.

Castillo con una ventaja mínima y con un desconocimiento absoluto de la enorme responsabilidad que un sector de la población le ha encomendado, ahora es presidente. Nos gobernará un ignoto, vinculado a corruptos, dinámicos y radicales.

Junto al “profesor”, había una larga lista de cuestionables personajes vinculados a uno de los más cruentos delitos que golpeó al país, el terrorismo. Asimismo, a Castillo poco a poco se le evidenciarían sus notables deficiencias para la gestión pública. Pero una especie de fuerza de choque integrada por entusiastas “simpatizantes” se presentaron a través de medios para romantizar sus errores bajo el indigenismo, la opresión, el racismo, el clasismo y las desigualdades.

No sabemos cuánto habrá invertido realmente Perú Libre en su campaña, pero evidenciaron las miserias de nuestro país para invocar la indignación, sumado a que su rival era la tan conocida “señora K”. Centraron su campaña en evidenciarnos los principales problemas del país como la pobreza, la corrupción y la desidia de sus autoridades frente a las necesidades del Perú rural. Así lograron su cometido.

Hoy, hay jubilo por parte de un sector de la población y decepción por parte de una mitad que no entiende como nos ocurrió esto. ¿Como siendo conscientes de los peligros que representa la izquierda latinoamericana, apostamos por un modelo fallido? Entre los celebradores de esta ajustada victoria, se encuentran aquellos que apelaron a la vigilancia y a la critica que caracterizaban sus votos, pero la felicidad que ahora denotan, evidencia que siempre fueron partidarios.

Reformar la política y los sistemas de justicia era una necesidad, pero bajo el mandato de Martín Vizcarra, hoy padecemos nuevamente los estragos de una gestión ineficiente. Hoy, la presidencia parece una especie de rifa y las posibilidades de ganarla están en cuanto inviertas en la adquisición de boletos. Vizcarra no era presidenciable y fue presidente, Merino y Sagasti tampoco lo eran y se colocaron la banda presidencial.

Castillo con una ventaja mínima y con un desconocimiento absoluto de la enorme responsabilidad que un sector de la población le ha encomendado, ahora es presidente. Nos gobernará un ignoto, vinculado a corruptos, dinámicos y radicales. Nada que envidiarles a los gobiernos de Alberto Fujimori. Hipotecamos y seguimos hipotecando nuestro futuro, sacrificando nuestra estabilidad y apostando nuestro raciocinio. Claro que, desde ya esperamos que Castillo tenga independencia en su gestión y que se le asesore bien para que sus falencias no le cuesten caro a la nación, caso contrario ¡que dios nos ayude!