EditorialDomingo, 15 de agosto de 2021
Una desaprobación previsible

En medio de hechos que comprometen cada vez más a la cúpula del partido político Perú Libre, se realizó una sospechosa intervención a la Dirección contra el Terrorismo (Dircote) encargada de información sensible en los casos que atañen precisamente a quienes hoy tienen las riendas del país. Recordemos que pesan sobre el premier Guido Bellido y Vladimir Cerrón el pedido de prisión preventiva por 36 meses junto a otros involucrados en el caso “Los Dinámicos del Centro”, que ya se ha transferido a Lima a nivel de la Fiscalía y del Poder Judicial. Además, existe una investigación en Huánuco, que incluye a los mencionados y a Guillermo Bermejo, por presuntos vínculos con la organización narcoterrorista que opera en el Vraem bajo la mano de los Quispe Palomino. Y por si todo esto fuera poco, se revelaron el día de hoy testimonios de un colaborador eficaz que indica que Bellido habría recibido dinero ilícito del tráfico de brevetes para su campaña al Congreso en las elecciones 2020.

Es impresionante cómo es que la política nacional ha pasado a consistir en manera esencial en la narración los procesos judiciales que afrontan prácticamente todos los altos mandos del gobierno. El partido político Perú Libre está involucrado a tal punto, que ya es una presunta organización criminal dedicada al tráfico de brevetes para su posterior lavado de activos, en base a la tesis fiscal que pesa sobre este. ¿Es posible mantener un gobierno con este nivel de cuestionamientos? Recordemos que Martín Vizcarra fue vacado de su cargo por sospechas no menores, pero que en cierta forma estaban menos cubiertas mediáticamente, gracias a que la prensa oficialista del momento no hizo el énfasis que correspondía; llevando a la deslegitimación pública de la decisión parlamentaria y a los hechos de noviembre que todos conocemos. Hoy la prensa está en el lugar correcto presionando al poder donde corresponde, y pareciera que, si Pedro Castillo sigue en el Palacio, es sólo por los miedos que tienen ambas partes a un nuevo enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo.

El bajo nivel de aprobación con el que inicia Pedro Castillo (38%) -habiendo supuestamente ganado la segunda vuelta hace sólo unos meses- al punto de estar por debajo del Congreso (40%), cuando el antiparlamentarismo ha dominado la política reciente del Perú; es en verdad insólito. La capacidad de destrucción del capital político con el que partió ha sido enorme, y parece consistir en que una buena porción de los peruanos creyó en el márketing de ‘humalización’ de Castillo que atropelladamente vendió la izquierda ‘caviar’ en la segunda vuelta. Nadie sabe cómo se resolverá esta seguidilla de ‘microcrisis’ que afrontará el Ejecutivo hasta el momento de la verdad, que será el 26 de agosto donde se definirá el voto de confianza del cuestionado Gabinete Bellido. Pero la verdad, el país no aguantará otros 5 años de confrontación similar al del último quinquenio.