OpiniónMiércoles, 18 de agosto de 2021
Una pequeña victoria
Vanya Thais
Periodista

La salida del individuo Béjar era, simplemente, lo que el Perú necesitaba para no rendir totalmente su dignidad a la voluntad socialista. Si bien es solo uno y debería renunciar todo el gabinete, especialmente el presidente del Consejo de Ministros, estamos quizá, ignorando el cuadro completo. Por eso debemos, siempre, tomar distancia y pensar en los posibles escenarios que podrían darse en un futuro.

Es evidente que los caviares le han declarado la guerra a Vladimir Cerrón y van a utilizar toda su maquinaria para tumbarlo lo antes posible. Cerrón da mensajes claros, no se amilana, nadie lo contradice y domina las poquísimas entrevistas que da. Tiene entrenamiento, aprendió de los mejores mentirosos en Cuba. Todo se mueve como una danza, en la que Cerrón es simplemente el director de orquesta. Sin embargo, hay un tema que no podemos pasar por alto y podría ser el arma secreta de los caviares: Vizcarra.

El Lagarto ya es conocido por todo el Perú como uno de los más grandes corruptos de la historia, sin embargo, sigue teniendo amor, aprobación y simpatía de un pueblo que parece no sentir los golpes más dolorosos. Mientras todos estamos pendientes a las maniobras de Cerrón y las (nefastas) figuras que ocupan el gabinete, él está peleando la posibilidad de volver al Congreso. ¿Qué nos garantiza que eso no vaya a pasar? ¿Realmente podemos confiar en nuestro sistema de justicia?

El ímpetu con el que Vizcarra busca ejercer como congresista, solo se explica en una posible vacancia. Quiere que las predicciones de Rosa María Palacios se hagan realidad: ser presidente del congreso, vacar a Pedro Castillo y que la ‘caviarada’ vuelva al poder. Claro, es una teoría “loca”, pero bueno, también era descabellado pensar que el Perú podría elegir voluntariamente ser sometido por Sendero Luminoso y aquí estamos.

Ahora bien, el Congreso podría cambiar el destino del país, conseguir los 87 votos y realmente no pactar con filoterroristas, pero es una carrera de largo aliento y tendremos que ver cómo se desenvuelven las fuerzas democráticas en las próximas semanas. Es preciso que los políticos y los civiles recuerden que el poder del caviar yace en la planificación. No tienen problema en demorarse planeando 20 años si su plan termina siendo exitoso. En ese sentido, debemos comprender que sus acciones de ahora en adelante han sido planificadas con holgura y llevarán a las consecuencias que ellos decidan. Debemos ser más astutos y cerrar toda puerta que quieran dejar entreabierta para seguir dominando el aparato estatal.

No solo es importante la estrategia y la “política”, sino también la ética. Asimismo, recordemos que, si se va a la batalla, se va a ganar, no a inmolarse. Mansos como la paloma, astutos como la serpiente. En esta resistencia al socialismo, nuestros representantes se ven en la obligación de pensar muy detenidamente en lo que harán, en sus votos, en los proyectos de ley que presenten y, sobre todo, en las alianzas que podrían salvarnos de caer en la miseria de nuestros vecinos en Sudamérica.