OpiniónViernes, 20 de agosto de 2021
Tía María: El canario en la mina
Hans Rothgiesser
Economista y periodista

En economía las expectativas son importantes. Por ejemplo, determinan cuánto van a invertir los empresarios. Es difícil que un sector privado cuerdo invierta en un país cuyo gobierno acaba de ser tomado por un partido que anunciaba nacionalizaciones e impuestos a la renta de 70%. No importan las maromas intelectuales que hagan los líderes de opinión que apoyan esos disparates, eso no va a suceder. Por eso no debe sorprender que, por ejemplo, el índice de acciones mineras en la Bolsa de Valores de Lima haya caído de 465.87 en el 17 de mayo del 2021 a 371.11 en el 17 de julio. Es decir, en dos meses el valor de las empresas mineras peruanas se habría reducido en 20.34%; casi un quinto.

No ayuda que un congresista del oficialismo anuncie que va a viajar con el ministro de Energía y Minas a Arequipa a dar por cancelado el proyecto minero Tía María. Luego sería desmentido, pero queda la preocupación. Cancelar Tía María es particularmente emblemático, porque es un proyecto que ha pasado por todos los filtros que el Estado peruano le ha colocado. Toda la regulación minera, todas las exigencias del Ministerio del Ambiente, todos los documentos del gobierno regional, etc. Estamos hablando de cientos de procesos burocráticos con distintos funcionarios y distintos reglamentos. Tía María los pasó todos. Sí, por supuesto que hubo algunos que tuvo que replantear, porque no aprobó inicialmente. Pero al final de todo, tenía todo listo para empezar. Y, aun así, el presidente Martín Vizcarra desde la comodidad de una oficina salió a anunciar que saben qué, mejor Tía María no va. Y listo. Eso fue todo. ¿Qué clase de imagen nos deja en la comunidad internacional? No una muy seria, definitivamente.

No olvidemos que en el discurso que dio el presidente Castillo en 28 de julio comunicó que apoyaría a la minería, siempre y cuando cumpliera con un nuevo concepto que estaría creando: el de la rentabilidad social. Enumeró una serie de criterios, los cuales no deberían se problema para Tía María cumplir. Todos ellos ya están incluidos en las reglas que ya tenía que cumplir para que le dieran los permisos necesarios, y en los principios de responsabilidad social, que ya cumplía por ser una empresa seria. En ese sentido, el mismo presidente debería estar gritando que Tía María sí va. Si es que su palabra vale algo, por supuesto.

Ni qué decir del impacto que tiene Tía María. Representa una inversión de millones de dólares, lo que genera demanda de muchos bienes y servicios. Además, solamente durante la etapa de la construcción se generaría 9 mil puestos de trabajo. Durante el proyecto mismo se generaría 4.8 mil puestos de trabajo permanentes, entre directos e indirectos. También generaría ingresos para el gobierno a través de impuestos, canon y regalías. Para Arequipa se destinarían S/.5,460 millones de regalías durante 20 años, lo que puede servir para programas sociales y para inversiones sociales retrasadas. Para Islay irían S/.100 millones.

Tía María es un símbolo de lo que queremos para el futuro del Perú. ¿Queremos extrapolar la experiencia de Cajamarca, que le dio la espalda a la minería sin tener una alternativa para reemplazarla, por lo que se quedó como la región más pobre mientras el resto del Perú seguía reduciendo la pobreza? ¿O queremos retomar la senda de la inversión privada que genera puestos de trabajo y oportunidades para todos? ¿Queremos seguir reduciendo la pobreza o queremos retroceder? Tía María hace mucho que se convirtió en algo más que solamente un proyecto minero; es además un mensaje, un anuncio. Asegurémonos de que sea el adecuado.