EditorialJueves, 26 de agosto de 2021
Llegó la hora de decir: ¡Basta!

Hoy es el día de la verdad. Mientras se escriben estas líneas, el premier Bellido está ya desarrollando su discurso ante el hemiciclo de nuestro Congreso de la República, solicitando el voto de confianza que marcará la pauta del consenso (o del conflicto). El desplante inicial intentando provocar y dividir al país en base a odios de lengua y de raza, tiene el objetivo -como todo en el aparato político de Perú Libre- de remover desde la base los pilares de nuestra República, en consonancia con el prisma de dialéctica marxista. A pesar de que 3.8 millones de peruanos hablan quechua en su mayoría saben también español, siendo esta lengua la principal fuente de integración con nuestros vecinos y con Europa; sin embargo, la izquierda insiste en su división identitaria y tribal, buscando alimentar los más oscuros instintos humanos.

Del mismo modo, Vladimir Cerrón, jugando a ser una especie de jocker peruano, ha buscado jugar a la estrategia del pánico y del egoísmo. Cerrón está tan convencido de que los limeños somos egoístas, de que la sociedad está tan corrompida, de que los congresistas están tan aferrados a sus curules, que estaremos dispuestos a tolerar que partidarios de Sendero Luminoso controlen nuestras instituciones. Sólo por el miedo a que cierren el Congreso. Sólo por el miedo a confrontar, a decir la verdad y alzar la voz cuando toca. No señor Cerrón. Los peruanos somos más que eso; tenemos que ser más. Por la memoria de Lucanamarca, donde 69 campesinos ayacuchanos fueron cruelmente masacrados por las huestes de Abimael Guzmán, a quienes estos señores consideran como el ejército del pueblo. A quienes el propio Castillo les ha rendido homenaje utilizando sus canciones para el himno de su sindicato; sindicato que luego Maraví inscribió como un claro paso en la estrategia del Movadef.

No señores, aquí no puede, ni debe haber confianza. Por la dignidad de nuestra República y nuestra democracia, el Congreso tiene que decirle que no a un gabinete que no se ha moderado, que no ha cedido a los principales cuestionamientos de fondo, por el simple hecho de que es lo correcto. Pero, además, porque el Poder Legislativo tiene que dar el mensaje político a la ciudadanía de que la Patria está por encima de defender un escaño, de que no tienen miedo, y de que en algún momento hay que decir: ¡Basta! O si no, jamás pararán. Como antes hemos dicho innumerables veces: Movadef es Sendero Luminoso, y si no se le puede negar la confianza a un gabinete con miembros de Sendero Luminoso, ¿cuándo sí se la negaremos? Es en este momento donde se traza la línea de quienes están dispuestos a defender principios, y quienes no están a la altura de la noble labor de ser parlamentario.

Además, no sólo es necesario, sino también conveniente. La negación de la confianza pondría a Castillo en una situación crítica: después de esto sólo estará la vacancia en agenda en caso insista en un peor gabinete. Porque, si no es incapacidad moral permanente pertenecer a Movadef y poner ministros ligados a Sendero Luminoso, ¿qué cosa lo es? El Congreso, además, no querrá ser disuelto y tendrá que pelear como corresponde y para realizar la tarea por la cual han sido elegidos: contrapesar a un Ejecutivo con objetivos totalitarios que nunca buscó el consenso realmente. Hoy toca decir: NO al voto de confianza. ¡Basta ya!