OpiniónMartes, 14 de septiembre de 2021
Muerto el perro, ¿muerta la rabia?

La muerte del terrorista y genocida, Abimael Guzmán, quien fuera cabecilla de la organización criminal llamada Partido Comunista del Perú - Sendero Luminoso (PCP-SL), es una excelente noticia para los actuales cabecillas de esta organización terrorista, hoy en el gobierno. ¿Por qué?

La muerte de Guzmán ha facilitado una narrativa según la cual “el capítulo del terrorismo ha sido cerrado”, donde ahora cabe analizar las “causas del conflicto armado interno”. Esta narrativa es favorable a Sendero al ciento por ciento, tanto así que Cerrón es uno de sus propulsores, junto a comentaristas que van desde los despistados hasta los defensores encubiertos del senderismo.

Según una encuesta de opinión (Datum), el 58% del país cree que existe “mucha presencia” o “alguna presencia” de Sendero Luminoso en el gobierno, sea con su nombre real o Movadef. ¿Por qué esto no es suficiente para escandalizar a la población de tal manera que tengamos marchas masivas contra el gobierno o incluso violencia?

Una interpretación posible es que se ha trazado una línea entre el terrorismo y el activismo político de simpatizantes de Sendero Luminoso. En esta narrativa, donde “el terrorismo ya no existe” salvo que veamos coches-bomba, ha sido impulsada incluso desde el propio oficialismo, en cabeza del abogado Aníbal Torres, ministro de justicia (con minúsculas).

La pregunta de rigor es, ¿la presencia de Sendero Luminoso en el gobierno debería ser motivo de gran preocupación por sí misma? Sendero Luminoso asesinó a hombres inocentes, mujeres embarazadas, a niños, esclavizó, torturó, secuestró y puso bombas, sobre todo en el campo, pero también en la ciudad. Todo esto lo hizo de forma tan cruel y sanguinaria que no se puede decir que el terror fuese un medio para alcanzar el poder, sino un fin en sí mismo.

¿Es posible para un miembro de Sendero Luminoso funcionar de acuerdo con las reglas de una democracia? Después de todo, los activistas políticos –al menos, la mayoría, hasta donde sabemos- no tienen las manos manchadas de sangre. Ellos podrían ver el terrorismo solo como un medio para alcanzar el poder e imponer luego políticas socialistas. Ya en el poder, quizá actuarían como cualquier demócrata. Es evidente que no. Lo explico:

Sendero Luminoso no es una organización política que utilizó el terrorismo, sino un grupo terrorista que participa fraudulentamente en la política. Recordemos, además, que Sendero Luminoso no se arrepintió, ni cambió su “estrategia” por iniciativa propia, sino que fue vencido por las fuerzas del orden al mando del presidente Alberto Fujmori, con el apoyo de heroicos ciudadanos, como los –verdaderos- ‘ronderos’. Sendero se vio forzado a actuar sigilosamente, en las sombras, pero nunca cambió su verdadera esencia.

Por tanto, si una persona suscribe el pensamiento de Sendero Luminoso, es intrínsecamente sanguinaria y antidemocrática, por más que no coja un arma en su vida. Si esa persona detenta el poder del gobierno –como lo hace Castillo-, nuestra integridad y la de nuestras familias está en serio riesgo. El peligro es real y actual.

¿Cuándo se va a materializar? Cuando Castillo haya tomado el control absoluto del Estado, lo cual supone tres medidas intermedias: 1. Capturar el poder militar y establecer milicias. 2. Llenarse los bolsillos con dinero de corrupción, narcotráfico y lavado de activos. 3. Consolidar el poder político, extendiendo su poder en las regiones y desactivando la oposición del Congreso. Sendero Luminoso avanza a pasos agigantados en esta dirección.

Solo hay dos caminos para evitar esto: la vacancia (lamentablemente el Congreso parece distraído en otras cosas o Sendero ya ha capturado los votos que necesita); o, la fuerza. Sendero Luminoso no puede ser el legítimo gobernante del país, por lo que todos los ciudadanos (incluyendo las Fuerzas Armadas) tenemos el derecho y el deber de levantarnos contra él. Por el contrario, no tenemos lo obligación de esperar una certeza, como una declaración pública de Castillo diciendo que es el nuevo cabecilla de Sendero o algo semejante, para actuar.