EditorialJueves, 16 de septiembre de 2021
La doble moral es amoralidad

Como es bien sabido, el señor Avelino Guillén -exfiscal de los casos La Cantuta y Barrios Altos que llevaron a la condena de 25 años contra Alberto Fujimori- fue agredido en un supermercado en el distrito de San Borja, siendo insultado con fuertes calificativos por un hombre aún no identificado. Queremos manifestar que, como medio de comunicación que cree en la libertad de pensamiento y en el respeto al Estado de derecho, desaprobamos que se agreda o acose a los políticos o a las figuras públicas, por más que defiendan una línea política diametralmente distante a la nuestra. Del mismo modo, las amenazas de ser golpeado o acosado, que ha recibido el periodista Jaime Chincha, a través de su cuenta de Twitter, también son absolutamente condenables. Rechazamos categóricamente todo tipo de agresión en la esfera pública, tanto contra piensan como nosotros como quienes estén en la vereda de enfrente.

Ahora bien. Lo cierto, es que dentro del grupo de quienes hoy pegan el grito al cielo frente a las agresiones y vejámenes recibidos por Guillén y Chincha, en el pasado no han tenido esta misma integridad para condenar ataques contra políticos de filas opuestas. Fue muy evidente el caso del congresista Ricardo Burga, quien recibió un puñetazo en la cara -no un insulto- por parte de un joven de la mitad de su edad, que además fue aplaudido y condecorado por algunos como “héroe” de nuestro Bicentenario. También contra el periodista Beto Ortiz, quien fuera acosado por una turba en su domicilio. Pocos de los que hoy critican la agresión contra Guillén fueron duros con Burga o con Ortiz, señalando que su actos -según ellos reprochables- justificaban de alguna manera la agresión recibida, y muchos actuaron señalando que “se lo buscaron”. Sin embargo, bajo esa misma lógica, bastaría pensar distinto para que algunos interpreten que el exfiscal Guillén “se habría buscado” el ser víctima de una agresión al asumir ciertas opiniones.

El punto está que en ningún caso se justifica una agresión. Una forma clara de poder verificar si una postura es correcta es considerar si estarías dispuesto a ser juzgado de la misma forma en la que juzgas a los demás. Quienes hoy ponen el grito al cielo por la violencia contra el fiscal Guillén -como el propio premier Guido Bellido- poco dijeron respecto al ciudadano Richard Muro que fue molido a golpes y casi muerto por simpatizantes de Perú Libre. Cuando se tiene doble moral, lo que se quiere decir en realidad es que no se tiene moral alguna. Porque la moral implica juzgar los hechos independientemente de las preferencias personales, de los cálculos políticos de corto plazo, y de a quién le conviene la condena o la defensa de tal o cual hecho. Se debe defender el uso de la violencia sólo en caso de quienes inicien una amenaza de violencia contra los demás; pensar distinto jamás es una justificación para la violencia.

Pero también es importante señalar, que Avelino Guillén fue un fiscal que acusó a Alberto Fujimori de haber violado los derechos humanos a través de una teoría -que es percibida por diversos juristas como una aplicación retroactiva de la ley penal- basada en la figura de la “autoría mediata”, la cual fue muy cuestionada en su momento y hasta hoy. Es decir, nunca se probó que Fujimori supiera de los excesos del Grupo Colina, sino que bajo esta teoría se le declaró culpable ya que “debió haber sabido”. Más allá de la opinión de si esta interpretación es justa o no, si un fiscal -con una trayectoria intachable para muchos de sus defensores- luego deja su puesto de magistrado, se mete a la política y revela sus preferencias en favor de un partido que se declara marxista-leninista, ¿ahora cómo espera que la ciudadanía no piense que su acusación fue motivada por argumentos jurídicos serios y no por su ideología?