EditorialJueves, 23 de septiembre de 2021
El síndrome de la rana hervida

Las declaraciones del presidente del Consejo de Ministros Guido Bellido ciertamente no hacen más que confirmar -una vez más-, aquello que sólo quienes defendimos realmente la democracia durante la segunda vuelta electoral dijimos: Perú Libre es un partido marxista-leninista que quiere establecer una dictadura comunista en nuestro país. Algunos parecen querer mirar a otro lado, seguir con sus vidas, hacer como que no será tan malo, pensar que Castillo tal vez es tonto, que no sabe lo que hace, que están perdidos. No es verdad. El plan de Perú Libre es muy simple y concreto: consolidar una dictadura comunista en el Perú que esté alineada con el eje geopolítico de Irán, Venezuela, Cuba y China. Si tienen que retroceder unos pasos para avanzar otros más, lo harán, que es precisamente como han logrado obtener el poder: con una conspiración paciente y persistente.

Parece que los peruanos, en particular los de centro que -con derecho- se dedican a cosas más importantes que estar siguiendo el día a día de la política, vienen sufriendo lo que se conoce como el síndrome de la rana hervida. Sucede que para cocinar una rana uno no puede hacerlo directamente en agua hervida porque si no la rana salta inmediatamente y escapa de la olla; para poder hacerlo, debemos introducir a la rana en una olla con agua a temperatura ambiente para que se sienta cómoda, cerremos la olla, y subamos el fuego lentamente. Al final la rana va a terminar hervida, pero esta cree que todo irá bien debido a que el calor aumenta sólo poco a poco. Esto, el comunismo lo conoce perfectamente y es de manual. Lo hizo Fidel Castro en primer lugar, diciendo que no era comunista cuando recién entró al poder hasta que se afianzó; lo hizo Hugo Chávez de la misma forma; y lo hace Pedro Castillo hoy diciendo “no somos comunistas”.

Es el modus operandi que siempre ha tenido el socialismo latinoamericano. Para muchos que vienen dando la pelea en favor de la democracia esto es más que evidente y puede parecer hasta ocioso repetirlo; por algo muchos están tan preocupados -empezando por los inversionistas que reducirán en 6% su aporte a la economía el próximo año-. Sin embargo, es necesario repetirlo y divulgarlo, porque pareciera que el síndrome de la rana hervida está afectando seriamente al peruano medio que no parece estar alarmado por estos coqueteos con la dictadura venezolana. El presidente Castillo ofende a los peruanos y a la democracia al reunirse con Nicolás Maduro; esa democracia que le permitió estar sentado donde está -ya que el fraude aún no ha sido probado-. Es inaceptable bajo todo punto de vista.

No olvidemos que Maduro es un narcotraficante vinculado al Cártel de los Soles -organización vinculada al narcoestado venezolano-, que vive como un jeque mientras el país padece el mayor éxodo de la historia de la región. En Venezuela no existe independencia en el poder judicial, se han hecho fraudes en los procesos electorales desde el 2015, el parlamento ha sido cerrado y reemplazado por la Asamblea Nacional Constituyente nombrada por Maduro, tienen presos políticos y no hay libertad de prensa. Pero algunos simplemente se niegan a ver. Así no lo sientan, hervidos quedaremos igual.