OpiniónMiércoles, 29 de septiembre de 2021
Aplanando terreno
Vanya Thais
Periodista

Hace mucho tiempo, los caviares aplanan terreno a los comunistas romantizando la Reforma Agraria. Hablan de cómo Velasco “le devolvió la dignidad a los campesinos”, impulsan la reforma, usan la silueta de Túpac Amaru en sus polos y siguen mintiendo descaradamente, como si fuera lo mejor que le pasó al Perú.

Parecen olvidar algunas cosas que vale la pena recordar. Después de las expropiaciones de haciendas y tierras, los dueños hicieron lo imposible por recuperarlas. Algunos lo lograron, otros no. Recuperarnos de los destrozos económicos que dejó el régimen dictatorial de Velasco nos tomó poco más de 30 años. La hiperinflación llegó a más de 7600% en un solo año y solo terminó cuando, a mediados de los 90s, se le dio autonomía al Banco Central de Reserva del Perú.

Una de las peores consecuencias de la hiperinflación iniciada por el dictador hoy endiosado, fue la “larga noche de la educación peruana”. El gasto público anual por estudiante colapsó. Hasta 1967 teníamos una inversión de USD 937.00 por estudiante y lamentablemente después de ese pico empezó la caída libre hasta llegar a USD 251.00 por estudiante hacia 1990. Este último era dos dólares menos que la inversión que teníamos en 1950. En la década del 90 pudimos recuperarnos poco a poco gracias a la estabilización de la economía y el retorno de la inversión privada. Literalmente perdimos 46 años y recién en el 2013 volvimos a los niveles de gasto de 1967, con la recuperación del PBI. ¿Se imaginan cómo estaría la educación peruana hoy si no hubiéramos sufrido esa nefasta dictadura socialista? ¿Le importa la educación a este gobierno marxista? ¡Por supuesto que no! Sabemos perfectamente que el “prosor” quería incluso saltarse las evaluaciones de los profesores porque, claro, es racista y clasista evaluar docentes.

Asimismo, hay que entender algo: este realmente no es un momento adecuado para hacer una Segunda Reforma Agraria, que se basa únicamente en ideologías y no en hechos. Los números hablan solos: entre el 2007 y el 2019, los ingresos del sector rural crecieron mucho más rápido que los de Lima. Tras años de estancamiento, el agro ha crecido sustancialmente con el regreso de la inversión privada al país, dando empleo a más peruanos e impulsando MYPYMES en el agro. ¿Quiénes son siempre los más afectados por estas reformas populistas? Justamente los pequeños y medianos empresarios. La gran empresa siempre encuentra formas de salir adelante o, en su defecto, simplemente se retira. Quitarles estas oportunidades a los pequeños, sabiendo que además el ingreso promedio en el agro creció exponencialmente desde que volvió al Perú la inversión privada y aún más con la ley de promoción agraria, que regulaba también la acuicultura, destruiría el agro como lo conocemos.

La inversión privada ha sido vital en el crecimiento, la tecnificación y la implementación de tecnología agroindustrial. ¿Cómo es posible que los inversionistas que han arriesgado su capital y han puesto todo su esmero en crecer con trabajo vayan a tener voz, pero no voto en esta segunda reforma agraria “del pueblo”? ¿Cómo van a excluir del “pueblo” a todos aquellos peruanos que apostaron por el agro en su propia tierra? Es un insulto a los que han contribuido al crecimiento de su Patria, generando empleo y aportando al fisco nacional.