OpiniónMiércoles, 6 de octubre de 2021
El monopolio de la narrativa
Vanya Thais
Periodista

Hace algunos meses, veíamos a un nervioso Pedro Castillo hablando de monopolios. Llamaba así a toda tienda medianamente grande que simplemente no le simpatizaba. Después de una magistral lección de Diego Acuña, hizo gala de su vasto talento para multiplicar y posteriormente nos iluminaría con su plan de “nacionalización”.

Pues bien, Saga Falabella no es un monopolio, pero increíblemente Perú Libre ha logrado uno: la narrativa. En Lima, la controlan los caviares; pero en el resto del país, una adormecida “derecha”, que ha vivido solo para “apagar incendios” e invertir en iniciativas progresistas, ha dejado la cancha libre para que el enemigo gane fácilmente. Así, la Lima empresarial que hoy llora las nefastas medidas económicas de Pedro Castillo, ha forjado su condena ignorando al resto del Perú.

En algunas provincias de Ucayali, por ejemplo, han puesto murales con imágenes de “Víctimas del Terrorismo de Estado”, donde exponían algunas fotos de las muertes de La Cantuta. ¿Dónde? Al lado del Banco de la Nación, que es el único banco que llega a algunas zonas. ¿Dónde estaba la “derecha” cuando pasó eso? Podían haberlo borrado como hicieron con el mural de Béjar, pero la provincia, sobre todo si es lejana, les da flojera y la subestiman. Total, la bolsa de votos no es muy grande. Ahí es donde recae el error.

En cada departamento del Perú, Sendero tiene por lo menos 27 grupos por provincia: femeninos, de jóvenes, de estudiantes, de obreros y trabajadores, de presos y excarcelados, de políticos, de asesoría legal y obviamente, de eventos culturales. Todos están perfectamente organizados y promueven eventos en los que se entregan regalos, se organizan juegos y actividades, para finalmente, adoctrinar mediante charlas y seguir alimentando el resentimiento y el discurso de lucha de clases. Lo hacen con calma y confianza porque saben que no habrá una contraparte, porque saben perfectamente que nadie les va a dar la contra o los va a enfrentar in situ.

Nada de esto es gratuito, porque sabemos que el “ala burguesa” de Sendero Luminoso era Abimael Guzmán, el terrorista que no quería recibir dinero del narcotráfico. Luego tenemos al “ala narcoterrorista” de los Quispe Palomino, que claramente ha sabido prevalecer y financia todas estas campañas paralelas que la izquierda radical sigue protagonizando, empezando por la millonaria campaña de descentralización para la recolección de firmas por una Nueva (nefasta) Constitución. Finalmente, todos los beneficiados por estos grupos en las actividades antes señaladas terminan siendo leales a ellos no por compartir su ideología, sino por miedo a perder su asistencia y beneficios, además de demostrar su agradecimiento por la ayuda que, claro, no han recibido jamás de la “derecha”.

Sin embargo, nunca es tarde. El cambio debe ser rápido, drástico y descentralizado. Lima no debe ser el punto de odio de las regiones, sino el bastión de lucha por sus derechos. La Lima mestiza, pujante, capitalista y barroca, debe saber cambiar su idiosincrasia centralista y preocuparse de los problemas que aquejan al resto del país antes de que estos tomen el poder en el Gobierno Central. ¡Cuánta diferencia hubiera hecho que prestemos atención a Los Protestantes del Sur en el 2017! Otra sería la historia. Hoy no es ricos contra pobres, sino los peruanos contra el terrorismo comunista. Para lograr esta unión entre peruanos, debemos ser la voz de los que ha capturado la izquierda estos años. La derecha debe despertar.