EditorialJueves, 7 de octubre de 2021
Castillo no se ha moderado

El nuevo gabinete será tomado por muchos como un triunfo y una buena señal, al haber logrado el “quiebre” de Pedro Castillo con el cerronismo, tan anhelado y promovido por la opinología de izquierda ‘democrática’ que pululan en el debate público. Sin embargo, esto es pura narrativa y distracción. El radicalismo sigue en el gobierno en pie de lucha, la nueva Constitución seguirá en agenda, e inclusive los hilos de Cerrón continúan -eso sí, con menor intensidad- al interior del gobierno y del gabinete. Lo que está detrás de estos cambios en el gabinete no es más que un nuevo pacto de gobierno; uno donde se ha incluido ya no al ala exclusivamente cerronista, sino que se le ha dado cabida a un espectro un poco más amplio de la misma izquierda asambleísta y radical de siempre.

No hay mayor evidencia de esto que las propias palabras del congresista Guillermo Bermejo, cerronista radical, que ha señalado esta mañana que las modificaciones en la fórmula ministerial son correctas ya que estas “refrescan el gabinete sin perder el rumbo”. Si bien es cierto que Waldemar Cerrón ha calificado este movimiento como traición, hay que comprender los incentivos detrás de quien hoy lidera la bancada de Perú Libre, quien evidentemente tiene que contentar discursivamente a sus bases. La realidad, es que un hombre de confianza, como lo es Luis Barranzuela -socio de Raúl Noblecilla, abogado de Vladimir Cerrón y de Guillermo Bermejo- será quien lidere la cartera del Interior a partir de estos cambios; y por tanto estará en sus manos el paso a retiro de oficiales de la Policía a partir de diciembre.

En sí misma, Mirtha Vasquez no es una persona moderada; con mejores formas y más educada políticamente, la nueva premier continúa la línea de Pedro Castillo. Es de Frente Amplio -el partido de Verónika Mendoza-, quien ya tenía una alianza con el actual oficialismo desde la segunda vuelta electoral. Además, mientras fue presidenta del Congreso apoyó un proyecto de ley presentado por su colega de la Lenín Bazán, presentado en diciembre 2020 -muy cerca de su asunción al cargo-, donde se pretendía someter a referéndum la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Además, ella pertenece al conjunto de políticos que representaron el nuevo poder de facto que se impuso en noviembre a partir de las marchas violentas que buscaron derrocar a Manuel Merino. Sus lealtades son claras.

Otra figura menos mencionada pero también importante es la nueva ministra de Cultura, Gisela Ortiz quien apoyó durante la campaña a Pedro Castillo, señalando que no se puede equiparar a Keiko Fujimori con el profesor, ya que la candidata de Fuerza Popular fue parte de la dictadura de su padre Alberto Fujimori.

En resumen, los modales mejorarán, la economía podrá ir algo más ordenada; pero la moderación no existe: la agenda radical de una nueva Constitución, de un estado más interventor, y de una izquierda marxista-leninista, sigue viento en popa.